16 de septiembre de 2011

Ruta: Pla de Beret - Santuario de Montgarri

Entre dos

Santuario de Montgarri

Los Pirineos Catalanes y, más concretamente, el Valle de Arán en Lérida (Lleida), han sido todo un descubrimiento para nosotros. Una experiencia totalmente revitalizante y depuradora de cuerpo y mente. Y lo mejor, adictiva, porque ya estamos pensando en que queremos volver.

Elegir cuál sería el primer destino de los visitados sobre el que hablaríamos ha sido complicado, entre los pueblos típicamente pirenaicos (Vielha, Salardú, Arties, Valle de Boí) y las excursiones a ese entorno natural (Parque Nacional de Aigüestortes, Cascada de Uhels de Joeu y Artiga de Lin, Salto del Pish...),  todos ellos dotados de recursos impresionantes, nos hemos decantado por un paseo que une Pla de Beret con el Santuario de Montgarri y que durante 12 km (ida y vuelta) te adentra en un paisaje de excepción.

Santuario de Montgarri

Pla de Beret se encuentra a unos 1.860 metros de altitud. Los remontes de la Estación de Baqueira Beret, en el mes de agosto, estaban vacios y, lo que en invierno debe ser un manto de nieve, esquies, gorros, gafas y bufandas, en verano se había convertido en una amplia y vasta extensión de pastos, en el que se escuchaban resonar numerosos cencerros y relinchos del ganado vacuno y equino que paseaba y descansaba con total tranquilidad.


Desde Pla de Beret parte la ruta. Se debe estacionar el vehículo en el amplio aparcamiento que hay en la explanada. Nosotros realizamos la ruta por la tarde, por lo que en el trayecto no encontramos prácticamente a nadie. Fue una sensación muy especial sentirte tan solo en la montaña.

La llegada hasta Pla de Beret a través del puerto de la Bonaigua puede tornarse en algún momento inquietante. Acostumbra la niebla a jugar con nuestras intenciones y volvernos inseguros acerca de si deberíamos, o no, seguir ascendiendo hasta Pla de Beret. Y es que a las nubes les gusta quedarse inmóviles a medio camino, de manera que taponan el ascenso. Dos intentos hicimos por subir, y en el segundo fue en el que descubrimos que, a pesar del encapotamiento inicial, las cumbres se encontraban despejadas y soleadas. Esto al final sumaba puntos, porque  ¿A quién no le gusta viajar sobre las nubes?

Una vez aparcados es fácil desorientarse… ¿Por dónde empieza la ruta?

Santuario de Montgarri

El acceso al camino que dirige al Santuario de Montgarri, donde también hay un refugio y a pocos metros los restos de un pueblo abandonado en los años 60, se puede realizar bien por una pista habilitada para vehículos 4x4, o bien por una senda para peatones.

Para aquellos que quieran realizar la ruta en coche, deberán hacerlo en un vehículo apropiado (4x4) por la senda habilitada para los mismos. No se recomienda, si no es de estas características circular por el camino, aunque nos consta que hay quien lo hizo y llegó. La senda se encuentra habilitada para vehículos de esta tipología solo a partir del mes de mayo, y lo que no recordamos es hasta qué mes del otoño. Nosotros íbamos con la intención de dar un paseo y optamos por hacer el camino a pie siguiendo la senda libre de tráfico.

La mejor forma de encontrar un lugar de toda la vida ha sido preguntando. Y no será porque no llevábamos todo bien apuntado, pero una vez allí, entre tantísimas praderas, la vista se perdía entre llanos y cuernos...

Santuario de Montgarri

Según se llega al Pla, hay que dirigirse al aparcamiento, concretamente, al fondo a la izquierda. Ahí comienza la senda…  Es difícil ser más explícito en un lugar donde no tenemos más referencias en nuestra memoria que pastos y caballos, y potros, y más pastos… y vacas y más llanuras…

Desde ese punto no hay pérdida, únicamente se trata de seguir la senda marcada por el paso de tantas personas, que se adentra en bosques de pino negro, que deja a los lados pequeños arroyos, y que discurre al lado del Río Noguera Pallaresa que nace en el propio Pla de Beret.

Santuario de Montgarri

El desnivel de esta ruta es aproximadamente, de Pla de Beret a Montgarri, de unos 250 metros de bajada a la ida y a la vuelta de subida. Es una ruta que no plantea ningún tipo de dificultad y que, sin contar con paradas, se haría de dos horas y media a tres.

La ruta puede hacerse bien de forma circular, descendiendo por la pista peatonal y ascendiendo por la pista por la que circulan vehículos todo terreno, o bien, como hicimos nosotros, ida y vuelta por la senda peatonal. Sea como fuere, por ambos caminos la distancia es similar.

Santuario de Montgarri

Discurre entre más y más laderas, naturaleza que al fondo está decorada por el perfil de montañas y, en aquella tarde de agosto, un sol justiciero que hacía que el verde fuera más verde y el cielo más azul. Costaba creer que a tan solo unos metros la niebla cubría todo el paisaje…

Y mientras caminas hacia allí, al echar la vista atrás ves como el dibujo del camino aparece y se esconde entre pequeños desniveles, dejando la estela del lugar del que partes.

En ese momento, en el que acompañan los ruidos de la naturaleza, es en el que es importante saber hacia que lugar nos dirigimos.

Santuario de Montgarri

El origen del Santuario de Montgarri data del siglo XII, cuando a un pastor se le apareció en aquel lugar la virgen de forma repetida. La actual apariencia arquitectónica de la construcción, en cambio, es del s.XVI.

Montgarri, en 2009, apenas tenía censadas 6 personas. Considerado uno, si no el que más, de los pueblos con una temperatura media anual más baja de toda España, y ubicado en un enclave excepcional para la vista, pero complicado para la supervivencia, en los años 60 se vio condenado al abandono. Hoy quedan unas simbólicas bordas y la protección por parte de la Generalitat del espacio que conformaba este núcleo rural, que durante años sobrevivió de su agricultura y ganadería.

Santuario de Montgarri
Al lado del Santuario está el refugio, y desde unos metros antes de la llegada al mismo se dispone de una panorámica bucólica. Como en una vaguada que forma el terreno se asienta, acariciado por el Río Noguera Pallaresa, entre las montañas y los pastos, este “especial lugar”.

La luz de la tarde le daba un aire más nostálgico al paisaje pirenaico. Alguna persona descansaba con los pies en el río, pero había muy poco tránsito. Y de nuevo la paz era la protagonista.

Parece ser, por lo que hemos leído, que esta es una ruta muy transitada. Desde nuestra experiencia este pasado verano, nosotros no nos encontramos nada más que a la ida con alguna persona que ya regresaba, y a la vuelta con tres personas que iban. Quizá el realizarla por la tarde pudo colaborar a que la experiencia no se convirtiera en una travesía de multitudes, no lo sabemos, pero si no fuera por haberlo escuchado antes, pensaríamos que era una ruta “casi desconocida para el mundo” (y no es así).

Y tras el disfrute solo quedaba la vuelta, que como os comentamos, realizamos por el mismo camino que fuimos. El ligero desnivel, que se da en los primeros metros de vuelta principalmente, se hace algo más pesado, pero mientras das cada paso el santuario se va haciendo chiquitito, chiquitito, y el río parece un fino hilo reflejo de un sol que cae…

Al deshacer los pasos y dejar a tu espalda Montgarri, de nuevo, las laderas y los bosques visten el camino hasta empezar a escucharse los cencerros que dejamos al principio de nuestra excursión, avisándonos que ya estamos llegando a Pla de Beret.

Santuario de Montgarri

Las nubes han subido, y la niebla se muestra mucho más cercana. Al atardecer, y al mirar a nuestro alrededor, aquello parece el Cielo, a pesar de que las leyendas digan que en Pla de Beret se celebraron múltiples akelarres. Todo lo que le rodea nada tiene que ver con un escenario macabro… es un paisaje idílico donde apetece llenarse los pulmones del aire fresco de la montaña.

Santuario de Montgarri

Al fondo queda escondido el Santuario de Montgarri, pero te llevas la experiencia de una tarde maravillosa de paseo, fotografía, charla, deleite, placer y, porque no decirlo, cansancio, pero del que gusta, de ese que cuando llegas a cenar, tras una ducha, se te llena la boca y se te dibuja una sonrisa en la cara más sonrosada de lo habitual, y dices… “Oye, pues estoy cansada ¿Eh?” - y quieres más… - “¿Dónde vamos mañana?”


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Santuario de Montgarri



11 de septiembre de 2011

Banyalbufar

Entre dos
A 25 km de la capital de la isla de Mallorca, unas ondas se dibujan en el terreno que forma el litoral. Fuertes contrastes de color ofrecen una imagen pintoresca que, sin duda alguna, es el fuerte atractivo del lugar que hoy os queremos enseñar: Banyalbufar.

Al suroeste de la Sierra de la Tramontana (Serra de la Tramuntana), y a unos 16 km de Valldemossa, lugar encantador, se sitúa esta localidad. Etimológicamente hablando significa “construido al lado del mar”. Acepción que refleja de forma precisa el perfil de este lugar.

Banyalbufar

La topografía de su terreno ofrece unas vistas impresionantes. Una zona abrupta, que linda con acantilados y cuyas protagonistas son las terrazas que limitan con el mar e invaden un tercio de la población. Terrazas repobladas por lo que durante años fue el producto estrella en el lugar, la malvasía, que daba origen al vino típico de la zona (blanco y seco) y que en el s.XIX desapareció tras una plaga quedando abandonada su cosecha. Tras estos sucesos comenzó el cultivo, para aprovechar el terreno, de tomates y patatas.

Banyalbufar

Ahora, bastantes años después, esas terrazas dispuestas en desniveles, y que parecen formar escaleras que llevan al mar para salvar los obstáculos de un terreno tan heterogéneo, están siendo repobladas gracias a la iniciativa puesta en marcha al encontrarse, en un jardín privado, una vieja cepa de la antigua “malvasía” que, tras someterse a estudio y procesos varios, se ha podido reproducir y poner en marcha de nuevo su cultivo.

Banyalbufar

La carretera divide al pueblo y desde ella, como pequeños nervios estrechos, nacen callejuelas cuya pendiente dirige a las viviendas. Escaleras que desafían a la gravedad van salvando las puertas de las casas desde las que se intuye unas vistas maravillosas.

Banyalbufar

El municipio, de unos 18 km cuadrados, no supera los 500 habitantes de forma permanente. En verano se produce un aumento significativo de la población, a pesar de ello, se trata de una localidad tranquila en la que poder deleitarse de un descanso de ensueño.

Banyalbufar

El acceso al mar es otro de sus atractivos, dispone de 5 playas. Nos sorprende especialmente la Cala de Banyalbufar, a la que se puede llegar descendiendo desde la Calle Mayor, por una gran pendiente durante un kilómetro, aproximadamente. Se puede acceder en coche (lo cual recomendamos, tras nuestro fatigado paseo de vuelta) y dispone de aparcamiento gratuito. 

Banyalbufar

La Cala es tremendamente pintoresca, el acceso únicamente se puede hacer a pie a través de unas escaleras y, desde arriba, el agua se divisa como una mezcla de verdes y azules intensos que permiten ver un fondo de piedras. Mide unos 100 metros de largo y 15 de ancho. Limitada por una  pared de acantilado con una caída de agua en forma de cascada que no dejó de sorprendernos. Está reforzada y protegida con red por los habituales desprendimientos. Su entorno le confiere un carácter especial, y este mismo es el que hace que no esté masificada, ya que su acceso y características no son atractivas para todo tipo de público.

Banyalbufar
En el entorno de Banyalbufar quedan algunos restos de las atalayas que hicieron su misión defensiva en la época en la que los corsarios acechaban las tierras para saquearlas, y que formaban parte de un sistema de vigilancia que protegía el litoral de la isla. Una de las más conocidas en la Historia mallorquina se encuentra en este municipio, la Torre des Verges (conocida popularmente como la Torreta o Torre de Ses Animes, por leyendas que la envuelven en cuanto a desapariciones en sus inmediaciones). 

El sector turístico ha sido otro de los impulsos para esta localidad. En nuestra ruta, aquel día, tras la visita de Valldemossa, acudimos a Banyalbuyar, y a parte de disfrutar de este bonito pueblo, y sus espectaculares características singulares, también paramos a comer. Sin haber planificado con anterioridad este momento, elegimos el lugar al azar. El Restaurant Es Trast, de pocas mesas, pero con bastante encanto en cuando a decoración. No fue una mala elección gastronómicamente hablando, lástima que quedó algo empañada la visita por el tiempo de espera en general, tanto para la llegada de las entradas como entre platos.

La Sierra de la Tramontana, en las Islas Baleares (Illes Balears), ofrece en su conjunto un entorno mágico. Banyalbufar es una de esas paradas que colorea con azules infinitos un paseo para recordar.


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Banyalbufar

9 de septiembre de 2011

Jardines de Sabatini

Entre dos
¡Nos gusta Madrid!

No sé si alguna vez habíamos empezado alguna entrada que hablara de la ciudad que nos ha visto nacer y nos acoge con una frase tan sincera y fiel a la realidad como la que abre esta pequeña parada en la ciudad.

Jardines de Sabatini

Quizá estos jardines no sean los más importantes de la zona, ni los más impresionantes, pero sí que ofrecen unas imagenes "reales" que son muy bellas. A lo que contribuye la ubicación de excepción en la que se encuentran.

Jardines de Sabatini

Los Jardines de Sabatini lindan con el Palacio Real de Madrid por su fachada Norte. Su nombre lleva a hacerse falsas suposiciones acerca de quién podría ser el diseñador de los mismos. Sabatini, quién ha dejado sus huellas por tantos lugares de Madrid de los que esperamos ir hablando poco a poco (Puerta de Alcalá, San Francisco el Grande, entre otros...) también formó parte de la Historia del Palacio. En la parte que nos ocupa hoy, el lugar en el que se ubican estos jardines antes albergaba las caballerizas reales, que sí fueron diseñadas por este afamado arquitecto, y que han dado nombre a los jardines. Sin embargo el arquitecto encargado del diseño de estos jardines fue Fernando García Mercadal, ya en el s.XX.

Jardines de Sabatini
Aproximadamente son algo más dos hectáreas lo que ocupa este jardín de aire afrancesado que juega con la simetría típica del neoclasicismo. Su nacimiento surge en los años 30, con la llegada de la Segunda República, cuando Patrimonio Real pasó a manos públicas. La Guerra Civil ralentizo el avance del mismo y su inauguración se llevé a cabo en los años 50.


El estanque central (que el día que fueron tomadas las imágenes no se encontraba en funcionamiento) está rodeado por unas esculturas y pasillos de setos perfectamente recortados cuyo escenario trasero es la imponente fachada del Palacio Real. Al sentarte en uno de sus bancos, la imaginación que discurre rápida, no le cuesta imaginar a una princesa o reina paseando entre ellos. Pero como las fechas y la Historia mandan, ninguna figura real pasó su tiempo muerto entre la flora de los jardines.


Para esos menesteres estaba el Campo del Moro, Jardines del Palacio Real que son 10 veces más grandes que los de Sabatini  y que han sido declarados de interés histórico-artístico.

Las esculturas que se salpican por los jardines de Sabatini fueron ideadas para decorar la fachada del palacio, pero debido a su peso se declinó esta idea y han acabado decorando los alrededores del Palacio Real.

Jardines de Sabatini




Se trata de unos jardines de acceso libre, con un horario de apertura y cierre y que forman parte desde hace unos años de una iniciativa cultural del Ayuntamiento de Madrid que se desarrolla en los meses de verano bajo el nombre de "Veranos de la Villa" y donde los jardines se convierten en un escenario romántico en el que poder disfrutar al aire libre, en un entorno mágico, de conciertos de diferentes géneros musicales.

Jardines de Sabatini
Jardines de Sabatini
Jardines de Sabatini






















Desde la puerta que hay en la C/ Bailen a estos jardines, los días en que el cielo está despejado se divisa un horizonte infinito, y al descender por las escaleras entras en un pequeño rincón donde el ruido parece desaparecer, entonces te encuentras a gente sentada, leyendo el periódico, charlando, la vida pasando con normalidad al lado de un edificio que a nosotros nos impresiona...

Jardines de Sabatini

Madrid es una gran ciudad con grandes edificios, grandes carreteras, con grandes monumentos, con grandes ofertas culturales, y con pequeños rincones más o menos conocidos que la hacen muy "grande".


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Jardines de Sabatini


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