15 de mayo de 2012

Orbaneja del Castillo

Entre dos
Al norte de la provincia de Burgos, en un enclave privilegiado y único, se encuentra una pequeña localidad que destaca por su ubicación excepcional.

Orbaneja del Castillo

Orbaneja del Castillo, a pesar de su nombre, no tiene castillo, en cambio, rodeada de lo que parecen torres de defensas que ha formado caprichosamente la propia naturaleza, parece protegida de todo en el entorno del Cañón del Río Ebro. Este fenómeno natural, fruto de la erosión del viento y del agua, es uno de los elementos claves de este lugar del que hoy os hablamos y en el que os retamos a que perdáis la mirada buscando formas imposibles, entre ellas, dos “populares camellos besándose”…

Nuestra visita fuera de temporada alta no hacía presagiar que es un pueblo turístico en otros momentos del año. Apenas unos poquitos habitantes aparecían por las calles en su “quehacer diario”

A pesar de la escasa población, Orbaneja no conoce el silencio, da igual que sea de día o de noche, que haya muchos visitantes, o que solo cuente con sus pocos habitantes, el agua imparable resuena por encima de las voces y algunos ladridos de perros. Su cueva del agua, visible con visita previamente concertada, abre las puertas al caudal de agua que rompe en forma de cascada desde lo alto de la localidad.

Este es uno de los atractivos más "populares" de este lugar; es imposible pasar indiferente ante tal espectáculo. Y el sonido del agua impide mantener una conversación a un tono medianamente normal, como si el caudal quisiera silenciar todo aquello que pueda romper la armonía


Cuando llegas por la carretera es lo primero que encuentras, un salto de agua salvaje que cae desde lo alto. Desde la carretera se ve esa hipnótica imagen, que aun resulta más sorprendente, cuando al mirar al otro lado de la carretera, las pequeñas pozas que surgen de la acumulación del agua son de un verde cristalino que impresiona.


Una vez te adentras en el pueblo, las callejuelas estrechas se esparcen con sus casas empedradas. De nuevo, en ese paseo se observa como el agua divide la localidad en dos. Un pueblo muy pequeñito, pero muy recomendable.


Desde la localidad, de camino a una pequeña ermita se puede ascender en una ruta circular a un mirador maravilloso desde donde se contempla el lugar tan pintoresco en el que se ubica la villa. El paseo ofrece diferentes perspectivas desde la altura del enclave natural y dirige a una zona conocida como “Las Eras de Orbaneja”.


Este lugar alberga los restos del pasado. En una explanada en la que aparece hoy por hoy escaso ganado pastando, numerosas chozas se salpican por el terreno. 


Circulares y construidas en piedra servían de refugio a los ganaderos en aquel lugar en el que no había sombras mientras cuidaban de los animales. Las formaciones rocosas que rodean el lugar se han convertido en excelentes alojamientos para los buitres, que acompañan nuestra visita desde el cielo.


Pero Orbaneja del Castillo no es una excepción, en un pequeño radio, en torno al Cañón del Rio Ebro, otras pequeñas localidades albergan paisajes estupendos de los que disfrutar.

Nuestra parada en este municipio fue de paso, camino de Cantabria, ha resultado ser un perfecto anzuelo para atraparnos. Ya estamos buscando nuevas oportunidades para dejarnos enganchar por el encanto de esa zona, por el que las carreteras te hacen bucear en unos paisajes preciosos y un entorno natural increíble. No imaginabamos que un pequeño lugar como Orbaneja del Castillo, pudiera convertirse en un destino tan atractivo para disfrutar de un día estupendo. 

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7 de mayo de 2012

Valle de Bohí (Vall de Boí)

Entre dos
La escapada de hoy alberga una mezcla entre la naturaleza y el arte. En los Pirineos catalanes, Lérida (Lleida), lindando con el Valle de Aran (Val d’Aran)  por un lado y con el Parque Nacional de Aiguastortes por el otro, nos acercamos hasta el Valle de Bohí (Vall de Boí), compuesto de pequeñas localidades con grandes exponentes del arte románico, sus iglesias. Además, en esta zona se encuentra la estación de esquí Boí-Taull Resort de mayor altitud de los Pirineos. 


Las populares protagonistas en esta visita son nueve iglesias románicas que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y que se encuentran en un excelente estado de conservación. Los municipios en los que se encuentran son Boí, Tahull (2),  Barruera, Coll, Cardet, Durro(2) y Erill la Vall.
En nuestra escapada hicimos parada solo en algunos de ellos, y si algo nos llamó la atención, aparte de lo artísticamente reseñable, son las bonitas estampas que ofrecen estos pueblos típicamente pirenaicos rodeados de la vegetación y montañas.

Coll


Se trata de un pequeño pueblo que no llega a los 50 habitantes. Su iglesia Santa María de la Asunción del s. XII es lo primero que te encuentras al acceder por la carretera que lleva al municipio; pegada a ella, el pequeño cementerio. Es complicado encontrar el templo abierto, está algo apartado de la ruta más turística y las citas deben ser concertadas previamente, hemos leído que siendo de las más pequeñas es una de las más bellas.













Por lo demás, sus pocas calles empedradas son el aperitivo del resto de localidades que nos vamos a encontrar.

Durro


En Durro, nada hace presagiar en su aparcamiento que estamos ante un pueblo que apenas tiene 10 habitantes. Sorprende el  alto campanario de su iglesia del s.XIII, Natividad de Durro (Mare deu Durro), que es imponente. Sus casas están como encajadas entre ellas, en la ladera de la montaña. Las calles y fachadas no desentonan, empedradas, con los tejados de pizarra y la carpintería de madera de sus puertas y ventanas.













A las afueras de la localidad se encuentra la Ermita de San Quirze. De nuevo el entorno colabora a hacer muy atractivo el lugar, el verde después del campanario de la iglesia, es el segundo protagonista. Merece la pena disfrutar de un paseo por las callejuelas en ascenso desde donde obtendréis muy bonitas perspectivas del lugar.

Tahull


Es el municipio más extenso y  poblado. San Clemente de Taull es la primera iglesia que uno se encuentra al llegar por la carretera a la localidad. En este caso, el campanario tiene 6 pisos, y la gente se agolpaba a su alrededor observando la bonita imagen del edificio enclavado entre el verdor del valle. Data del s.XII y tiene gran influencia lombarda. Sus calles, de nuevo, invitan al paseo, llama la atención el colorido de sus balcones con la flores rojizas.


El encanto de este valle se encuentra en todo su conjunto, sus iglesias de campanarios esbeltos que hicieron función de torres de defensa, el acceso al colindante Parque Natural de Aiguastortes, un paraíso para los amantes de la naturaleza en el que nos adentraremos próximamente, el balneario de Caldes de Boí, que goza de unas aguas que proceden de diversas fuentes naturales ricas en minerales, su estación de esquí anteriormente mencionada y el paisaje que todo ello forma... No podemos dejar de recomendaros que, si tenéis oportunidad, lo visitéis.

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