26 de abril de 2016

Cascadas; agua y naturaleza en Madrid y alrededores

Llegadas estas fechas, en las que sale el sol brillante y el paisaje se empieza a convertir en verde, con las nuevas hojas de los árboles caducos, o con los suelos en los que brota hierba nueva y los ríos y cascadas están más abundantes por el deshielo (a pesar del templado invierno), apetece salir fuera a disfrutar del entorno natural.

A pocos de kilómetros de Madrid existen diferentes parajes en los que poder disfrutar de un día al aire libre. Hay para todos los gustos y queremos hacer un pequeño recopilatorio de algunos rincones que conocemos en los que, por un motivo u otro, el agua es uno de sus protagonista ¿Cascadas, ríos, pantanos? De algunos os hemos hablado previamente en entradas solo para ellos y otros aparecen por primera vez. Así que vamos allá, lugares cerca de Madrid, no más de 2 horas en coche, para pasar el día al aire libre en primavera:


Las Cascadas del Purgatorio

Cascadas del Purgatorio Rascafría (Madrid)


En Rascafría, una excursión que te lleva desde el Monasterio del Paular hasta las cascadas del Purgatorio. Es una ruta lineal de unos 13 km ida y vuelta, donde pasarás además al lado de las Presillas, un buen lugar para tomarte tu bocadillo a la vuelta. Se trata de dos saltos de agua, el primero más accesible que el segundo, aunque ambos alcanzables. Si quieres saber más sobre este lugar te lo contamos aquí.


La Poza de Sócrates

Poza de Sócrates (Madrid)


A este lugar se accede en apenas un paseo de 30 minutos desde los alrededores Cotos . Justo desde la carretera que une el Puerto de Cotos y Valdesquí. Es un salto de agua en el Arroyo de las Guarramillas que va a caer a una pequeña poza, que parece casi oculta. El nombre del lugar no está para nada vinculado al filósofo Sócrates, si no a Sócrates Quintana… del que hablaremos cuando dediquemos una entrada a este lugar. Un lugar coqueto muy accesible rodeado de un entorno muy bonito con pastos ganado, ideal para pasar el día al aire libre sin esfuerzo físico. Ubicación aproximada.


La Chorrera de Mojonavalle

Chorrera de Mojonavalle (Puerto de Canencia - Madrid) Chorrera de Mojonavalle (Puerto de Canencia - Madrid)


Ahora nos desplazamos al Puerto de Canencia, también en la Comunidad de Madrid. Para llegar a esta cascada de 30 metros de altura, hay que aparcar en el área recreativa del Puerto y, desde allí, caminar unos 4 km. aproximadamente por un camino muy sencillo y nada exigente, físicamente hablando. Este salto de agua que cae por las rocas, lo forma el arroyo Sestil Maillo que es un afluente del río Lozoya. Nosotros realizamos una ruta un poco diferente que, en lugar de a la base de la cascada, nos llevó a la parte más alta. Si os motiva ésta excursión y os animáis a hacerla os contamos todo con detalle aquí.


Cascadas de los Aljibes

Cascada del Aljibe (Guadalajara)

Salimos de la Comunidad de Madrid para adentrarnos en Guadalajara. En estas cascadas cae el agua a unas pozas donde la gente se llega a bañar y no hace falta que sea verano, como pudimos comprobar. Además, si te planteas esta excursión, para realizarla tendrás que acercarte a la zona de arquitectura negra donde podrás ver, si te apetece, alguno de sus pueblos pintorescos. La ruta comienza en el mismo pueblo de Roblelacasa. Ésta es un poco más exigente por la distancia a recorrer, pero se hace en una mañana perfectamente. Te contamos más, con todos los detalles, aquí.


Chorrera de Despeñalagua

Chorrera de Despeñalagua (Valverde de los Arroyos -Guadalajara)

Y continuamos en Guadalajara y la zona de la Arquitectura Negra. Para ello nos desplazamos en este caso al pueblo de Valverde de los Arroyos, a unas dos horillas de Madrid. Un pueblo de la arquitectura negra con encanto, desde donde sale una senda que lleva en apenas unos 15-20 minutos hasta la Chorrera de Despeñalagua, formada por un afluente del río Sorbe, en un paraje precioso. Su altura es de 120 metros y está conformada por una caída de agua que conforma varios saltos de agua unidos entre sí. Podéis ver más detalle en esta entrada.

Pero no solo de cascadas vive la primavera y, por eso, hay otros entornos en los que el agua también es protagonistas, aunque no sea en forma de salto de agua.


La Boca del Asno

Boca del Asno (Valsaín - Segovia)


En Valsaín, Segovia, a una hora de Madrid, se encuentra esta área recreativa construida alrededor del río Eresma, en una zona considerada Reserva de la Biosfera. Desde allí se pueden realizar senderos y adentrarse en el Parque Nacional de Guadarrama o, simplemente, quedarse en los alrededores disfrutando del paisaje y el sonido del agua que corre incesante. En verano, a veces, puede estar algo masificado, por ser una zona accesible y donde siempre se bajan varios grados de temperatura al calor madrileño. A escasos kilómetros está el Palacio de la Granja, que siempre es una buena opción. Os dejamos su ubicación en Google Maps.


El Valle de la Barranca

Valle de la Barranca (Navacerrada - Madrid)


Este valle nos encanta en otoño e invierno, así que dudábamos si ponerlo en esta lista que parece que está algo más enfocada a la primavera. Pero como hablamos de paisajes donde el agua es protagonista, realmente no nos podía fallar. La imagen que conforma el embalse del Valle de la Barranca con las montañas de la sierra de atrás es maravilloso. Estamos de nuevo en la Sierra de Guadarrama, a los pies de la Bola del Mundo. Se accede por un camino situado entre el pueblo de Navacerrada y el Puerto de Navacerrada, por un desvío casi imperceptible que marca el acceso al valle. Hay más lugares para acceder pero os dejamos en el enlace de Google Maps que te lleva directamente a esta estampa. Luego, adentrarse por su valle de pinos por donde cae el Arroyo Samburiel, afluente del Manzanares. Es una chulada. A los amantes de las fotos os encantará.


Pantano de Buendía y Ruta de las Caras

Pantano de Buendía y Ruta de las Caras (Cuenca)


A menos de dos horas de Madrid, en la provincia de Cuenca, se encuentra el Pantano de Buendía. Hasta aquí, nada que parezca reseñable, pantanos hay unos cuantos en España. Pero éste tiene una peculiaridad, y es que casi a sus orillas hay una ruta muy curiosa llamada la Ruta de las Caras, totalmente accesible, llana y que está repleta de sorpresas con las caras esculpidas en las piedras gigantes. Si queréis saber más sobre ésta excursión, aquí os lo contamos.

Por supuesto, hay más lugares en la Comunidad de Madrid y sus alrededores, algunos los dejamos para próximas entregas, otros los tenemos apuntados pero sin descubrir aún ¿Conocéis vosotros alguno, en el que el agua sea protagonista y se encuentre como muy lejos a dos horillas de Madrid? Si es así, nos encantará que nos los comentéis.

Aquí está la primavera

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31 de marzo de 2016

13 días en Austria. Día 13: Valle de Stubai - Madrid

Sonó el despertador, la ropa del día sobre la silla, todo guardado. La maleta estaba preparada y lo primero que había que hacer era mirar por la venta ¿Niebla?... Esto… ¡Si! Ups… ¿Lluvia? Esto… ¡Si! … Ups… Pero menos que ayer, bien (Lo que hace tener actitud).

El día anterior nos habíamos acercado al Valle de Otzal huyendo del clima mordoriano que acompañaba al Valle de Stubai que no nos dejaba subir a ninguna montaña. Y en este día nos tocaba volver a Madrid y, lo más importante, nos tocaba volver a Madrid desde Munich, que es desde donde habíamos cogido los vuelos. Y además de desplazarnos hasta allí, teníamos que contar con el tiempo suficiente para dejar antes el coche de alquiler en la oficina del aeropuerto, con el tiempo que eso pudiera llevar. Y no se queda ahí la cosa porque, por supuesto, no teníamos intención de desayunar y salir hacia Alemania. Munich ya lo conocíamos y el Valle de Stubai aún nos debía algo…. Madrugar era importante, y la actitud positiva también.

Valle de Stubai (Austria)


Llovía, efectivamente lo hacía. Pero lo positivo es que se abría algún claro, así que como Neustift estaba muy cerca, nos fuimos para allá. Aparcamiento gratuito, subida en el Elferliffte incluída en la Stubai Card, si no unos 13 euros persona.

Elferliffte Neustift Valle Stubai (Austria)


Parece que está a ratos medio despejado, no estamos para ser exquisitos, se monta y punto. Y ahí que montamos, y ahí que eso empieza a subir. Ay, qué bonitas vistas, los pueblos abajo, “mira, mira”, qué precioso, mira, mira… ya no mires. A mitad de subida se deja de ver, y de nuevo entramos en Lluvia de Estrellas.

Elferliffte Neustift Valle Stubai (Austria)


Desde arriba hay varias rutas señalizadas para poder hacer y que nos habría encantado, en concreto la Panoramweg (de unas 4 horas, más o menos) pero en la cumbre la visibilidad va y viene constantemente y, dado el día en el que nos encontramos es el de vuelta, no estamos para perdernos por la montaña, ni poder dedicarle tanto tiempo.

Elferliffte Neustift Valle Stubai (Austria)


Lo cierto es que a ratos tenemos suerte de contemplar algunas vistas maravillosas. De presenciar como se tiran los parapentistas ladera abajo y comienzan a volar sobre el Tirol y las nubes. Y no solo eso, gozamos de la experiencia de tratar con las vacas-perro austriacas, que aprietan la cabeza para que las acaricies. Dejad que las vacas se acerquen a nosotros…

Elferliffte Neustift Valle Stubai (Austria)


Tras un ratito arriba, volvemos abajo y cogemos el coche. Hay que vengar la experiencia de dos días atrás, a pesar de que vemos en el camino que las cumbres en general siguen tapadas, nos dirigimos a Top of Tyrol, que si no habéis leído las entradas anteriores, os remitimos a ésta donde hay una versión detallada de nuestra primera visita y del lugar.

Valle Stubai (Austria)


Cuando llegamos al parking de Top of Tyrol hay algún coche más que dos días atrás, pero tampoco nada impresionante. Preguntamos en las taquillas como está la situación y nos comentan que hay niebla, que en algunos momentos se abre. Como tenemos la Stubai Card de nuevo podemos subir gratuitamente.

En este caso, tardamos en subir hasta los 3210 metros unos 50 minutos, sin ninguna de esas paradas que vivimos en la experiencia anterior.

Valle Stubai Top of Tyrol (Austria)


Durante la subida gozamos de mejores vistas que en la otra ocasión, está un poco más despejado y podemos alcanzar a ver más lejos pero, arriba del todo, la niebla continúa siendo protagonista y, aunque es menos densa que en nuestra anterior experiencia, lo que viene siendo visibilidad, no hay.

Valle Stubai Top of Tyrol (Austria)


Estamos arriba unos 20 minutos, esperando ese baile de nubes y el milagro, que no llega. Nuestra obstinación no ha tenido la recompensa que esperábamos, eso sí, al menos en los trayectos hemos podido hacernos un poco mejor a la idea del lugar en el que nos encontramos.

Valle Stubai Top of Tyrol (Austria)


De bajada, otros 50 minutos y ponemos rumbo a Fulpmes. Hay una tercera telecabina que tenemos que vengar, la Shorlick2000. Hacia allá que vamos.

Estamos muy locos. Definitivamente se nos está yendo de las manos el cocktail Valle de Stubai-Niebla. Se nos va mucho, porque son las 14:00 de la tarde, estamos en el aparcamiento de la telecabina y ha salido ligeramente el sol. Miramos hacia arriba de la montaña ¿Subimos?

Valle Stubai Top of Tyrol (Austria)


Nuestro avión sale de Munich a las 19.00. Estamos a 200 km del aeropuerto, tenemos que dejar el coche de alquiler, tenemos que facturar y es agosto, que implica tráfico, más gente en el aeropuerto, más colas...

El que no escribe tiene mirada de poseído, me da miedo, quiere subir, lo noto. Son muchos años los que nos unen, puedo olfatear su locura transitoria de viajero incansable. En un momento debió soplar viento del norte y lo vimos claro. El viaje estaba saliendo muy bien. Vale sí, el Valle de Stubai y su cielo de algodón jugaba con nosotros, pero ya se sabe como es el amor, a veces cuánto más difícil te lo ponen más te enamoras, y nos había encantado. Ya estábamos pensando que otro verano teníamos que volver a estar zona.

Valle Stubai Top of Tyrol (Austria)


Durante 13 días no habíamos tenido ni un percance serio, nos lo habíamos tomado todo al ritmo que nos había pedido cada instante. Decidimos ser responsables y no correr el riesgo de estropearlo. En el mismo aparcamiento, maletero abierto y lleno de maletas, sacamos algo de embutido que nos quedaba, unas patatas, y el pan. Comimos mirando hacia la montaña que habíamos decidido no subir, y sonreíamos.

Comimos muy rápido. Cuando estás en ese punto del viaje en que has decidido que el turismo ha terminado es cuando ya tienes ganas de llegar. El chip cambia y, entonces, lo único que te preocupa es que no haya atasco, que no haya un accidente, que no pongan pegas al devolver el coche… El aeropuerto a 200 km, genera cierta tensión.

Valle de Stubai (Austria)


Antes de arrancar camino de Munich, paramos en la Oficina de Turismo para devolver la Stubai Card y que nos reintegraran los 2 euros de fianza por tarjeta. Y ponemos rumbo a Alemania.

El trayecto transcurre sin incidentes, algún radar colocado a bastante mala leche, pero todo normal. Paramos a repostar para devolver el automóvil con el depósito lleno.

A las 17:00 llegamos a devolver el coche en el aeropuerto de Munich. No llegamos mal, pero tampoco nos ha sobrado demasiado tiempo. El que no escribe, por trabajo, tiene bastante dominado este aeropuerto y el momento “alquiler de coche”. Allí, todas las compañías devuelven el coche en el mismo lugar, una especie de parking donde van recepcionando los coches personal de la compañía correspondiente a cada uno. Nosotros alquilamos con Avis y al poco de entrar nos atendieron de una forma amable y sin ser especialmente meticulosos (íbamos a todo riesgo).

Valle de Stubai (Austria)


Una vez facturada la maleta, nos quedamos en la plaza central exterior del aeropuerto viendo como hace surf la gente en una piscina de olas que habían instalado allí. Luego pasamos el control de seguridad donde nos piden por primera vez en la vida el email de confirmación de la tarjeta de embarque que habíamos sacado online. No les valía solo con el código si no que tuvimos que entrar al móvil a enseñar el correo. Y lo curioso es que nos lo piden a los dos, que íbamos por separado por diferentes controles de seguridad.

Un café antes, de salir. Un avión, un par de horas y media con cena incluida. Una espera larguísima en Barajas para recoger nuestras maletas. 

La cerradura, la puerta se abre, sale calor… y se ve nuestra casa a la 1 de la mañana. Hemos vuelto. Lo primero en lo que se fija la mirada es en la temperatura del termostato, luego en el sofá, donde pasamos tantas horas meses atrás planificando este pedazo de viaje. Lo empezamos a hacer cuando nos arropábamos con la mantita y lo terminamos de hacer con el aire acondicionado a todo meter de madrugada. También vino a la mente la imagen del salón 13 días antes, la última vez que lo habíamos visto antes de partir, lo recordábamos lleno de maletas en el suelo, cargadores, guantes, bañadores…. 13 días tan lejos y en un sitio tan diferente.



En el espejo, nuestras caras no eran ni parecidas a 13 días antes cuando partimos a Austria, pálidos, cansados por el trabajo y por el calor. En el avión camino de nuestras vacaciones a Austria llevábamos la ilusión de bañarnos en los lagos de los Alpes (lo hicimos), la ilusión de ver una Cueva de Hielo (vimos dos), la ilusión de pisar un glaciar (lo hicimos), la ilusión de saltar por una pradera como Heidi (lo hicimos), teníamos la esperanza de ver una marmota (la vimos), el espejismo de creer que podríamos taparnos por la noche con un edredón (ocurrió), con la esperanza de que pudiéramos recorrer una de la que dicen que es la carretera alpina más bonita de Europa en un día despejado (ahí estuvo el sol), pensábamos en telecabinas, montañas, paisajes, cascadas, casas con flores… 

Gracias una vez más al destino por colaborar en estas inolvidables vacaciones.

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Viaje a Austria: 13 días



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28 de marzo de 2016

13 días en Austria. Día 12: Valle de Otzal y Cascadas de Stuibenfall

Cuando sonó el despertador, casi como un resorte, lo primero que hicimos fue asomarnos a la ventana ¿Niebla, lluvia? Ups… las dos cosas…

La noche anterior, tras las experiencias vividas durante el día en el Valle de Stubai, habíamos estado mirando la previsión meteorológica. No era buena. Pero, no nos lo queríamos creer, de hecho, creérnoslo nos lo creíamos, pero pensábamos que sería llevadero.

Cascadas de Stubeinfall (Austria)
Bajamos a desayunar y seguía lloviendo, subimos de desayunar y seguía lloviendo. Cogimos el coche, teníamos apuntada una telecabina en Fulpmes que entraba en la Stubai Card y que ofrecía bonitas vistas, el Schilck2000. Se divide en dos tramos, uno intermedia y otro superior. En esta zona, se supone que te encuentras desde arriba preciosas vistas y un paisaje de los de Heidi para hacer algunos paseos, lagos, etc.

Nos acercamos y no se ve a nadie en los alrededores. Miramos la montaña que sube y, desde escasos metros de la salida, la niebla es densa. Aún así, porque tendemos a la obcecación, entramos en el interior a preguntar. Hay cámaras en las cumbres y se puede observar desde abajo como está la situación en cima. Las pantallas están gris claro, como si fuera a aparecer de esa nube gris San Pedro para darte la bienvenida. Por si no fuera poco gráfico, preguntamos a la chicha de taquilla, que nos confirma que San Pedro se ha instalado allí arriba de momento.

Fulpmes (Austria)


El día anterior habíamos tomado café al lado de una cascada que se veía a lo lejos, cerca de Neustift. “El que no escribe” pensaba que desde la granja donde tomamos café siguiendo la llamada de la selva, es decir, el soniquete del agua, con ese espíritu aventurero y esa intuición que nos caracteriza, llegaríamos a la cascada. Y mientras hacíamos esta excursión también hacíamos tiempo para que las nubes levantaran.

Valle de Otzal (Austria)
Pues allá que nos fuimos, con poca fe por mi parte, y creo que por él también, aunque se mostrara convencido. Aparcamos y seguía lloviendo. Pero lo último que perdemos es la alegría. Así que, con lluvia, “el que no escribe” se anima hasta a cargar con el trípode y comenzamos a andar. Convertimos las orejas en parabólicas, todo suena a agua, porque llueve, y llueve, y llueve… Comenzamos a subir ligeramente por un camino embarrado que nos lleva a un bosquecillo (5 minutos andando lo más) y nos cruzamos con un árbol caído, ni rastro de riachuelo, cascada, ni nada… Seguimos andando hasta que el camino acaba en unos matorrales maravillosos e infranqueables que nos obligan a dar la vuelta hasta el coche. De recuerdo nos llevamos, yo tres picaduras de pulga que no procede que cuente cómo llegaron a mí, por dignidad, y que me han durado 8 meses, mucho barro en las suelas de las botas de montaña y una gran sonrisa al transcribirlo y rememorarlo.

Cascadas de Stubeinfall (Austria)


Una vez en el coche no lo vemos claro, el paisaje se ve como recortado, las laderas de las montañas se ven interrumpidas por masas de nubes que no dejan ver cómo terminan. Volver a intentar subir al Top of Tyrol parecía absurdo, por muchas ganas que tuviéramos, el día estaba peor que el anterior y, si ahí no vimos nada, ¿qué vamos a ver?

Cascadas de Stubeinfall (Austria)
Pasamos unos minutos colapsados. Teníamos otras opciones, el mirador de Fulpmes y el de Neustift pendientes, pero ninguno estaba visitable. Otro plan que teníamos era disfrutar del Trineo de Verano de Mieders, que entra con la Stubai Card y que, tras la experiencia en el de Abtenau, nos apetecía mucho. Pero cuando llueve, el trineo de verano cierra, así que tampoco podíamos. Entramos en brote y decidimos que en el Valle de Stubai no podemos quedarnos, sigue lloviendo, luego tampoco está para pasear. Así que, sin tener ni idea de cómo está el Valle de Otzal (vecino de Stubai), retomamos nuestro plan inicial y allá que nos vamos.

Cascadas de Stubeinfall (Austria)


Este recorrido resulta medio improvisado, dadas las circunstancias, y que por no reaccionar a tiempo tardamos un poco en ponernos en marcha, pero finalmente resultó un acierto.

Nuestro primer destino las cascadas Stuibenfall, las más altas del Tirol, con casi 160 metros de altura. El acceso a las cascadas es gratuito, eso sí, si viajáis en coche el aparcamiento son 4€. Nosotros, con todo el trajín, al final no llegamos a este destino hasta las 12:45. Por suerte, la lluvia se había convertido en una compañera intermitente y que, cuando aparecía, no armaba mucho lío, era finita y no muy abundante. Estaba la cosa mejor que en el Valle de Stubai.

Cascadas de Stubeinfall (Austria)


Tiene una pendiente considerable pero a nosotros nos gustó mucho. Cuando llegamos al aparcamiento, “el que no escribe” andaba con cierto apuro, tanto café, zumo y agua, hace a esas horas uno necesite un baño. Me estresan muchísimo los viajes de naturaleza y los baños, y eso que Austria es un lugar donde está todo bastante acondicionado. El caso que venía tan agobiado, ese ruido de agua incesante entre ríos y lluvia, que me dejó en el parking y se fue en busca y captura de un baño hasta colarse en un club con toda su cara. Mientras que aquí, la menda, se pasó 2 horas largas aguantando a muerte mientras veía ese caudal de agua incesante sonar y resonar…

Cascadas de Stubeinfall (Austria) Cascadas de Stubeinfall (Austria)



Estas cascadas tienen 5 plataformas, en nuestra visita, abierta solo hasta las segunda. A partir de ahí, totalmente precintada la subida al resto. Pero debe haber otro camino de acceso a la quinta, porque vimos a lo lejos alguna sombra de gente arriba. Lo cierto, es que hasta la segunda plataforma entre ida y vuelta tardamos unas dos horas, con bastantes paradas para fotos.

Cascadas de Stubeinfall (Austria)


El camino empieza paralelo al agua, antes de llegar a la primera plataforma se pasa por un puente colgante de estos constan de tres cables de acero y que no os imagináis cuánto se tambalean cuando pasas por ellos. Aquí, “el que no escribe”, de nuevo, haciendo exhibición de ese intrépido hombre qué es, fue el único que había en ese momento que se planteó entrar, cruzar y volver, el único inconsciente... El balanceo que cogió eso y el tembleque de piernas con el que tocó tierra “mi Calleja” fue memorable. Si antes nadie entró, después de verle a él, no motivó a nadie…

Cascadas de Stubeinfall (Austria) Cascadas de Stubeinfall (Austria)


Desde las cascadas pusimos rumbo a Solden. Sin comer aún, y con un horario más español que austriaco, lo de comer se podía poner complicado. Solden es un pueblo por y para la nieve. Zona típicamente de ski y con una apariencia de pueblo de montaña. No se puede aparcar en el centro, nosotros lo hicimos a las afueras, en un parking gratuito cerca del teleférico. Muchísimos comercios con ropa de nieve y montaña.

Cascadas de Stubeinfall (Austria)



En nuestro caso, fuimos buscando un lugar donde comer, cuando allí ya casi estaban para merendar y ¡Bingo! ¿Dónde se da eso? En una pastelería. Y ahí que fuimos, qué ambientazo, la gente con sus tartas y nosotros tuvimos que atacar a un sandwich y bocadillo (que por suerte tenían), un par de tartas y dos capuchinos. Objetivo conseguido.

Sölden (Austria)


Después de comer, un paseíto por la calle principal del pueblo y de vuelta al coche. Viendo que el día avanzaba rápido, sacamos del itinerario el pueblo de Vent, que nos obligaba a alargar demasiado las distancias, así que pusimos rumbo al siguiente punto Oetz.

Oetz (Austria)

Durante los desplazamientos en este tipo de lugares se disfruta muchísimo, las carreteras son lugares agradables y relajantes con imágenes preciosas. De hecho, hacemos un par de paradas en el camino, cuando las circunstancias lo permiten, para disfrutar más del valle.

Oetz (Austria)


Oetz es un pueblo pequeñito pero muy pintoresco y el entorno maravilloso. De la zona, el pueblo más bonito sin duda. Hay un parking en la entrada que, aunque ponía que 1€ por hora, lo cierto es que nosotros, al echar la moneda nos dió para dos horas. Está claro que algo no entendimos bien…

Oetz (Austria) Oetz (Austria)


Desde Oetz, se puede acceder en unos 30 minutos andando (según las indicaciones que había en la localidad) al lago Pigburgsee. Nos apetece hacerlo. De hecho, el paseo va transcurriendo por una especie de paseo que desemboca en una pradera verde inmensa, llena de florecitas, con un decorado trasero de montañas que parece todo sacado de un cuento.

Oetz (Austria)


Es bastante tarde y la luz se está apagando. Estamos a unos 45 minutos de Fulpmes. En la pradera no lo podemos evitar, explotamos en un júbilo incontrolable. Sacamos el móvil en modo panorámico a pasear de nuevo para hacernos esas fotos en las que salimos los dos haciendo el moñas. Vemos que ir al lago nos va a retrasar demasiado, así que cambiamos el plan por dedicar un buen rato a ese escenario en el que sale lado más chorra de los dos.

Oetz (Austria)


Recuerdo ese rato en la pradera de Oetz como un momento divertidísimo. Seguía lloviéndonos a ratos. Habíamos dejado todo tirado en el suelo, mochila, cámaras, y andábamos dando saltos, tomando posiciones, haciendo “Patakys” ahí en medio, como dos tarados…

Oetz (Austria) Oetz (Austria)


Después de soltar todo lo friki, o casi todo lo friki, que llevamos dentro, toca coger el coche y volver a Fulpmes. Durante el camino, paso de lluvia fina a lluvia intensa, era entrar en el Valle de Stubai y abrirse la puertas de Mordor. Lo cierto, es que casi llegando a Fulpmes vimos que se había abierto un poco el cielo, pero las cumbres seguían tapadas por bolas de algodón.

Aquella noche, volvimos a Casanova a cenar. Esta vez nos entregamos a las ensaladas. Allí son bastantes contundentes. En principio eran ensaladas diferentes pero, como estaban aliñadas con la misma vinagreta, sabían bastante igual. Cosas de la gastronomía…

Oetz (Austria)


En el hotel, tocaba hacer la maleta. Redistribuir las cosas en las maletas y sentir esa cosilla que siempre viene a tu mente cuando el viaje casi está tocando a su fin. Eso sí, el día siguiente no era un día de vuelta sin más, nuestro avión salía por la tarde y no podíamos permitir irnos sin cubrir un par de experiencias más. El día 13 del viaje sería bastante intenso también…

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Cascadas de Stuibenfall (Austria)




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23 de marzo de 2016

13 días por Austria. Día 11: recorriendo el Valle de Stubai hasta Top of Tyrol

En este día vamos a adentrarnos en el Valle de Stubai, una pequeña toma de contacto con la zona que incluye la subida al Top of Tyrol, por encima de los 3.000 metros y un mirador que, dicen, es más impresionante del mundo. A nosotros, esa experiencia no se nos pondría fácil… Empezamos.

Despertamos en Fulpmes por primera vez. No estamos especialmente cansados, y sí que tenemos muchas expectativas, hemos escuchado cosas estupendas del Valle de Stubai y no nos las queremos perder.



Desayunamos en el hotel, en general no destacan especialmente los productos del buffet pero tiene a favor que, si lo deseas, te preparan una tortilla o unos huevos al momento. Nosotros no podemos resistirnos a la “omelette”, que nos las sirven en una sartencita muy mona. Así, salimos con el estómago caliente.

Si vais a alojaros en el Valle de Stubai, es interesante que tengáis en cuenta que hay alojamientos que, con la contratación de las noches, incluyen la Stubai Card. Una tarjeta turística para recorrer la zona y tener acceso a varias de sus atracciones. En el Valle de Stubai no hay tantas como, por ejemplo, en la zona de Salzburgerland y, por eso, en principio, decidimos no sacarla (nuestro alojamiento no la incluía). Pero cuando llegamos allí, y vimos que el tiempo estaba “dudoso” y que el valle parecía precioso, decidimos cambiar los planes. Es decir, renunciar al Valle de Otzal, que íbamos a visitar al día siguiente, y dedicar tanto ese día como el siguiente al Valle de Stubai (no éramos conscientes de la de veces que íbamos tener que cambiar de planes en las próximas horas). Conclusión, decidimos que nos la sacábamos sin meditarlo demasiado y “de perdidos al río”.

Valle de Stubai (Austria)


Nos acercamos a la oficina de turismo de Fulpmes para sacar la tarjeta. Nos cobraron 60 euros por persona, más 2 euros de depósito, que te reintegran si devuelves cuando cuando acababa su validez.

Una vez tenemos la tarjeta en mano, no perdemos el tiempo y nos vamos directos al Top of Tyrol, nos morimos de ganas de ir al mirador. Es poca distancia la que nos separa del lugar, pero en el camino empezamos a ver que el paisaje es diferente, tiene otro verde, más intenso. Desgraciadamente, también vemos un cielo encapotado, muy encapotado, y lo peor, nubes bajas que se reparten a diestro y siniestro por todo el valle.

Valle de Stubai (Austria)


En el aparcamiento del Top of Tyrol no hay casi nadie. No nos extraña. El día se ha puesto realmente desapacible. En ese momento nos alegramos de tener la Stubai Card porque, gracias a ella, si en ese día subimos al Top of Tyrol y no se ve nada, al menos, podremos repetir al día siguiente sin coste adicional.

Valle de Stubai (Austria) Valle de Stubai (Austria)


Pues nada, para allá que vamos, casi solos. Nos entretenemos antes con una mini cascada que hay pegada al aparcamiento y emprendemos el camino hacia la telecabina. 

Realmente vamos con una mezcla de sensaciones. Top of Tyrol está a 3.200 metros, una plataforma situada encima del Glaciar de Stubai y desde la que se supone que se ven más de un centenar de picos de Alpes Austriacos, Italianos… vamos, el paraíso en nuestra imaginación.

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


El importe para subir está en torno a los 25 euros, no recordamos ahora exactamente. Con la Stubai Card, es gratuito y, como decíamos, puedes subir una vez al día. 

La subida es lenta. Bastante lenta, más que nada porque se salva un desnivel muy importante. Os adelantamos ya que tuvimos que subir más de un día y que en su interior pasamos momentos muy divertidos y, alguno, un poco estresante.

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


En el primer tramo, compuesto por dos paradas, se tarda unos 40 minutos en subir. Hay momentos en los que vas pasando cerca del glaciar y viendo los tonos azulados tan alucinantes, propios de esta masas de hielo. Y en nuestro caso, pasamos de ir teniendo paisajes a sumegirse la cabina (en la que íbamos solos) en una nube densa, que recordaba el programa Lluvia de Estrellas, donde no se veía absolutamente nada.

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Ahí estábamos nosotros, que días antes nos derretíamos bajo el sol abrasador y nos bañábamos en lagos alpinos, metidos ahora con los forros polares, en una cabina a muchos metros de altitud, donde no se veía nada más que un blanco cegador de una niebla densa en un ambiente bastante frío. Y donde perdías un poco la sensación de movimiento, por la lentitud de la cabina y porque no había referencias visuales para notar que aquello se movía. Eso, que nos generó cierta tensión, descubriríamos horas después que podía ser peor…

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


En la segunda parada del primer tramo, podéis acceder al glaciar, podréis visitar la Cueva de Hielo que hay bajo él, y también podéis comer en el restaurante a mayor altitud de todo Austria. Nosotros decidimos hacer las tres cosas. Pero después de subir a la cumbre.

Así que nos bajamos del primer funicular para hacer el transbordo al siguiente que lleva a Top of Tyrol. Se tardará desde ahí unos 10 minutos. Durante la subida, al principio, parecía que se había abierto un poco el cielo, pero solo fue un espejismo. La niebla densa volvía a ser protagonista y nosotros a ser los figurantes de algo surrealista, estábamos camino de un mirador impresionante donde no veíamos nada.

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Entre risas por la situación y por llevar casi una hora de subida se produce algo que nos llena de incertidumbre. Nos inquieta, nos atormenta y nos perturba, la cabina se para en medio de la última subida. Por los cristales no se ve absolutamente nada, se siente el frío en el interior. Aplastamos las naricillas contra el cristal con la intención de ver algo, de saber exactamente a qué distancia estamos de la tierra firme en caso de tener que saltar, yo que sé.. la mente no funciona bajo presión... Hace vientecillo, así que, encima la cabina se balancea suavemente, no mola nada…

Unos 3 ó 4 minutos duró esta situación, hasta que continúo la marcha con total normalidad ¿Susto o muerte? Por cosas del destino, nos tocó susto, ¡genial!

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Al final de la ascensión nos encontramos a 3210 metros de altitud. Madre, nos sentimos Calleja, qué subidón de adrenalina, bueno vale, de adrenalina no, que subidón, eso sí. Ahí arriba subir 4 escalones empieza a convertirse en algo cansado. Está nevado, y eso que llaman “mal de altura” se nota algo, al menos nosotros lo notamos. Un ligero mareillo, un ligero dolorcillo de cabeza y, lo peor, una fatiga para subir los escalones que llevan a la plataforma que prometía sobre papel unas vistas de impresión.

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Unos 2 grados allí arriba nos acompañan, subimos y nos da la risa. Alcanzamos a ver... nubes.. Ojalá hubiéramos alcanzado a ver un mar de nubes, eso habría tenido su encanto, pero lo que vemos es la densidad de las nubes entre blancas y grises que, no solo nos envuelven a nosotros, lo envuelven todo. Pero somos pacientes… y nos quedamos ahí, esperando a que el viento, esa ligera brisa que en la cabina parecía tambalearnos, empujara las nubes. Y durante algunos segundos lo hizo muy parcialmente (lo que veis en las fotos es lo que vimos, ya nos gustaría tener fotos mejores, o al menos con vistas).

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Tras unos 20 minutos esperando, mientras una familia sacaba su picnic y se lo comía al fresco (sólo estábamos ellos y nosotros), vemos que se va encapotando más, así que decidimos que no sería mal momento para ir bajando al nivel inferior, donde hicimos el transbordo para ver la Cueva de Hielo (Eissgrotte).

Pero, antes de esto, al bajar las escaleras de la plataforma del Top of Tyrol, vemos que hay un camino a la derecha en descenso. No hay mucha gente pero parece que está algo más despejado. Como la niebla no nos deja verlo bien desde lejos, decidimos hacerlo a corta distancia.

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Ese camino parecía nieve, pero realmente era una tela blanca que cubría el hielo, dejando la nieve a los lados. Vamos bajando y la sensación es como cuando te has bebido dos vermuts, un ligero mareillo tipo vértigo. Se acaba la tela y comienza el hielo y yo decido que hasta ahí he llegado y “el que no escribe” decide bajar un poco más a investigar. Así que, ahí me quedo de pie, más sola que la una, mientras las nubes hacen de nuevo acto de presencia y dejan todo eso en una nueva “Lluvia de estrellas”, donde no se veía ni el camino, ni “al que no escribe”, ni nada…

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Este camino del que os hablamos lleva a una cafetería, frente a ésta una especie de trono, donde os podéis sentar. Es una cuesta que parece inofensiva pero, mientras esperaba “al que no escribe”, de vez en cuando pasaba alguien de subida y se le oía el jadeo desde unos metros atrás. Cuando llegó aquí “la otra parte contratante de este blog” no fue menos, y contribuyó a la melodía respiratoria. Es un poco la sensación de que coges aire, pero te entra la mitad de lo que esperas.

Top of Tyrol - i (Austria)


Volvemos a la telecabina, cruzando los dedos porque no se parara otra vez de bajada. De momento, tuvimos la suerte, en ese tramo no se paró y al bajarnos se abrieron un poco las nubes y pudimos disfrutar algo del paisaje. Nos encantó. Y cuando de nuevo se volvió a cubrir, decidimos entrar en la Eissgrotte, una cueva de hielo no incluída en la Stubai Card, pero que tiene un precio especial si la tienes, en ese caso es de 4 euros (a nosotros solo nos preguntaron si la teníamos, no nos la pidieron). Los niños menores de 10 años entran gratis

Top of Tyrol - Glaciar de Stubai (Austria)


Para acceder a la Eissgrotte, hay que bajar unos cuantos metros andando por una cuesta empinada que zigzaguea ligeramente. Yo aun seguía afectada por el mareillo que había adquirido en el “Mirador de las Nubes”. Esta cueva es muy chiquitita y está debajo del Glaciar de Stubai, 30 metros bajo el hielo del mayor glaciar esquiable de Austria, con más de 100 km de pistas.

Glaciar de Stubai (Austria)


La cueva es muy vistosa, ésta sí que está excavada totalmente en hielo (a diferencia de Eisriesenwelt). No os preocupéis por el tema de resbalones y demás, sobre el hielo, en el suelo, han colocado unos tablones de madera.

Cueva de hielo Glaciar de Stubai (Eisgrotte Austria)


Iluminada en diferentes colores y con una filosofía didáctica, donde vas viendo en diferentes puntos cómo ver la edad del hielo, sus burbujas, algunos insectos atrapados en él, curiosidades acerca de los colores del hielo, de los glaciares. Nos pareció muy recomendable. Por cierto, en ella encontraréis otro “trono” donde poder hacer un “Frozen” e inmortalizarlo.

Cueva de hielo Glaciar de Stubai (Eisgrotte Austria) Cueva de hielo Glaciar de Stubai (Eisgrotte Austria)


Ese día, no había mucha gente en la cueva, por lo que nos dimos hasta dos vueltas tranquilamente. Son los beneficios de subir a 3000 metros de altura los días en los que no hay visibilidad, que estás casi solo.

Cueva de hielo Glaciar de Stubai (Eisgrotte Austria)


Tras salir de la cueva, comenzamos la subida de la cuesta que nos lleva hasta la plataforma donde se coge de nuevo el funicular para bajar. Pero nosotros vemos que a unos metros está el glaciar, con sus grietas y ese color azulado, con agua que corre con ellas y nos llama como el Canto de las Sirenas llama a Ulises.

Glaciar de Stubai Austria


El verano estaba siendo caluroso y no había mucha nieve, se ve el hielo. Decidimos que hay que caminar sobre el glaciar. Se puede hacer sin crampones pero con cuidado, no está pulido, no hay pendiente en esa zona y, aunque a mi me tiene que llevar de la mano “el que no escribe” como si tuviera 4 añitos, lo hacemos. Caminamos, nos aproximamos a las grietas más azuladas, grabamos el agua correr. Miramos alrededor, en esa inmensidad que a ratos se veía impresionante y, a veces, parecía que estábamos en una nube de humo. Estamos casi solos, apenas unas personas a lo lejos.

Glaciar de Stubai Austria Glaciar de Stubai Austria


Disfrutamos muchísimo, esas nubes que a ratos nos dejaban ver, jugaban cruelmente con nosotros, pero cuando se vislumbraba algo a más de 100 metros nos sentíamos los más afortunados del mundo. Así que, como la paciencia tarde o temprano tiene que ser premiada, o eso pensábamos, decidimos comer en el restaurante que hay allí. Sentados al calorcito, sigo notando mareo y dolor de cabeza. En modo “hipocondriaca on”, pienso en el mal de altura, y me quedo tranquila rápidamente, un síntoma es la falta de apetito y yo estoy abierta a la gastronomía austriaca. No hay de qué preocuparse.

Glaciar de Stubai Austria


Comimos otra vez el Gröll,había que darle una segunda oportunidad a esa especie de huevos cuajados rotos, que estuvieron mejor pero no llegaron a convencernos. Una ensalada de pollo, una cerveza de medio litro (muy apropiado a esa altitud para duplicar sus efectos, imaginaros para quién era), una botella de 0,7l para la hipocondriaca, un capuchino, un expresso y un strudel de manzana riquísimo. Todo 36€. Nos pareció buena relación calidad precio, más aún teniendo en cuenta dónde está. Y encima la atención fue muy agradable.

Con el estómago calentito, decidimos poner camino a tierra firme. Montamos en el funicular, una cabina para nosotros solos otra vez. A ratos se ve, a ratos no se ve… ¡Cucu-tras! Lluvia, más niebla, 40 minutos de bajada. Cuando llevábamos unos 15 minutos más o menos, la cabina de nuevo se vuelve a parar, pero esta vez no lo hace como la otra, no. Esta vez lo hace en seco, tan en seco que nos quedamos con balanceo intenso durante un minuto aproximadamente. Por supuesto, lo vuelve a hacer en un momento en el que, por la ventana, no se ve nada, ni si estamos altos o bajos. Ese balanceo, con el mareillo que seguía con nosotros y el estómago lleno me hizo recordar viejos tiempos…. Solo diré una palabra, que para los de nuestra generación y de Madrid seguro que será esclarecedora: “Enterprice” (ese invento del demonio del Parque de Atracciones). Para el resto.. estómago con vida propia.

Top of Tyrol Austria Top of Tyrol Austria


Estaríamos parados unos minutos, en los que dijimos de todo, nos reímos, nos miramos con cara rara, nos volvimos a reír, sentimos tensión, sentimos de todo… 

Y la bajada continuó y nuestra experiencia en el Top of Tyrol se quedó en esta aventura rara, que como no nos parecía suficiente, a pesar de haberle dedicado casi todo el día, decidimos que volveríamos.

Más o menos, alrededor de las 4 de la tarde estábamos en el aparcamiento. Teníamos tiempo para ver algo más del Valle de Stubai. Abajo, no había niebla, había nubes altas que cubrían las cumbres y encapotaban el cielo, pero la visibilidad era buena. Lo malo, que llovía.

Valle de Stubai - Grawa wasserfall CascadasAustria


Aunque la lluvia, si no es torrencial, no es problema para nosotros. Así que nos ponemos camino de las Grawa Wasserfalls, unas cascadas preciosas que se ven desde la propia carretera, a unos 3 km del aparcamiento del mirador. Hay una zona para estacionar en la propia carretera y se puede acceder a pie a las mismas por un camino cortito y muy chulo, que comienza bordeando una pequeña Alm que hay al lado del aparcamiento, al otro lado de la carretera.

Valle de Stubai - Grawa wasserfall Austria Valle de Stubai - Grawa wasserfall Austria


Las cascadas nos parecieron preciosas. Caían con muchísima fuerza, y cuando llegas a sus pies (solo hay que seguir el camino, no hay pérdida), aunque sea un día soleado, llevad en la mochila un impermeable porque mojan muchísimo. Frente a ellas, hay una sillas y tumbonas de madera para poderlas observar.

Se complica fotografiarlas, el objetivo se llena de agua, entre la lluvia y la propia cascada, uno se cala en cuestión de segundos.

Valle de Stubai - Grawa wasserfall Austria


Pasamos un rato divertido en este pequeño paseo. El verde es intenso, el mareillo desaparece totalmente y nos desquitamos con las fotos.

La tarde va cayendo, no da tiempo a mucho más, más que seguir disfrutando de los paisajes que nos brinda el Valle de Stubai. Nos apetece parar en varios sitios, pero la carretera no lo pone fácil, no hay lugar para estacionar. Se pone a llover de forma intensa, y encontramos en el camino una granja que tiene un porche donde parece un lugar ideal para tomarnos un café.

Valle de Stubai - Grawa wasserfall Austria


Y así, vemos llover con fuerza bajo aquel techo de madera. Una cosa tan sencilla que, depende en qué lugares y con qué compañías, puede convertirse en un momento inolvidable.

Siguiente parada, como hay tiempo antes de cenar, decidimos ver Neustift, el segundo pueblo más grande del Tirol y donde tendríamos que volver porque en nuestro planes estaba subir a una de sus telecabinas Elferlifte. Paseamos un ratillo, el pueblo resulta bonito en su enclave, lo que es el callejeo no tiene mucho destacable. Estilos más variados en la arquitectura y, dentro de ser de los más grandes del valle, es chiquitito. Resulta un paseo agradable para acabar de hacer apetito. Cuando éste llega, también llega el momento de irnos a Fulpmes, a pocos kilómetros, para cenar.

Valle de Stubai Austria


Aquella noche elegimos el Restaurante Casanova. Mola el nombre ¿eh? En esos momentos llevábamos demasiados Groll, schnitzel y salchichas en nuestro haber, así que le dimos a las pizzas. El local estaba lleno de gente, pero no nos tocó casi esperar. Dos pizzas, tres copas de vino chardoneille, dos expressos por 35€. Las pizzas ricas, la atención muy buena, el local acogedor pero con un “sorprendente e inquietante” techo que da para unas cuantas gracias. La calidad bastante buena, la atención muy amable. Al día siguiente, volvimos…

Neustift Valle de Stubai Austria


Y a la salida, entre lluvia y fresco, ponemos caminito al hotel. Nuestra idea, abortar el plan que teníamos de visitar el Valle de Otzal y cruzar los dedos para que el tiempo nos diera tregua, al menos las nubes, y volver a subir al Top of Tyrol. Pero en los viajes no todo sale como uno quiere, al día siguiente tuvimos que improvisar y cambiar los planes. Gracias a ello, disfrutamos de paisajes y lugares chulísimos…

¿Tienes planes hoy?

Valle de Stubai Austria




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