6 de diciembre de 2011

Calatañazor

Entre dos
A 32 kilómetros de Soria capital, con apenas 70 habitantes, os acercamos a un lugar que se vislumbra desde la carretera con una panorámica preciosa. Asentado en un cerro, en la cumbre los restos de un castillo y a los pies el Río Milano, asi Calatañazor aparece en escena.


La Historia y las leyendas caminan de la mano, se entrelazan para que con el paso del tiempo muchas veces no se sepa diferenciar la una de la otra, y la leyenda gane la batalla queriéndose convertir en Historia.

Esto ocurre cuando se habla de la Batalla de Calatañazor (s.XI), donde se dice que Almanzor perdió el “atambor” (tambor, alegría). La Historia comienza el relato y lo finaliza la leyenda.

La biografía de Almanzor está llena de grandes conquistas, Barcelona, León… etc, La lucha contra los cristianos protagonizó su vida. De vuelta a casa, hacia el sur, tras su visita a San Millán de la Cogolla, mayor, cansado y enfermo, pasó por Calatañazor, dónde "se dice” que se dio lugar una dura y violenta batalla en el valle que reposa a los pies de la localidad, de la que Almanzor salió, si no muerto, malherido, dándosele sepultura a unos kilómetros de allí, en la villa de Medinaceli. Pero la Historia en cambio señala que tal batalla no existió, y de existir fue insignificante. Que la enfermedad y la edad son las que acabaron con su vida, y esta falsa victoria sirvió para dar ánimo a los cristianos y vengar las huellas de Almanzor.


Sea como fuere que ocurrieran los hechos reales, desde lo alto del cerro en el que se asienta lo que queda del castillo, las vistas  son casi infinitas, ese valle propio de las tierras de Castilla fue bautizado como el Valle de la sangre, lo cual dota de mayor realismo esa cruenta batalla de la que se hablaba, a pesar de que su nombre podría estar relacionado con las tonalidades de las que se visten sus tierras y río con la caída del sol.






















La historia del Castillo es larga. Su origen es árabe, durante largas temporadas fue escenario de encuentros entre “Moros y Cristianos". Después de esta etapa, el castillo pasa por manos de diferentes monarcas, uno de los más conocidos popularmente fue Alfonso X el Sabio. En el s. XIV sufrió una restauración y luego fue pasando por diferentes familias, las más trascendentes, la familia Padilla o los Duques de Medinaceli.


La localidad se compone de una calle principal en pendiente de la que nacen casas de adobe con travesaños de madera que forma soportales. Arquitectura típica de estilo medieval, que colorea el ambiente en tonos rojizos, ocres, propios de las tierras castellanas y que lleva hacia la parte más alta del pueblo donde se encuentra la plaza con el “rollo” de la justicia, el actual ayuntamiento y la zona del castillo. El paseo empedrado desemboca en unas vistas espectaculares, a un lado u otro, donde mires, los campos castellanos dibujan parcelas que se colorean en función de la temporada del año.


La iglesia parroquial , que destaca por su tamaño, es de origen románico, aunque posteriormente, en torno al s. XVI sufrió restauraciones. Llama la atención el rectángulo que se dibuja sobre la puerta de entrada, elemento propio de la arquitectura árabe, y que queda como símbolo de la presencia de esta cultura tiempos atrás.

Calatañazor fue declarado Conjunto Histórico Artístico en los años 60. Merece la pena recorrer sus calles, es un pueblo de poca extensión pero que aporta rincones muy pintorescos (Orson Welles lo eligió para rodar algunas escenas de Campanadas de Medianoche). Resulta sorprenderte encontrarte con un espacio asi, que parece protegido pero al alcance de cualquiera.


La pasada Semana Santa hicimos una corta pero intensa escapada a la provincia de Soria. En ella, aparte del Cañón del Rio Lobos, Vinuesa, Burgo de Osma, y la Laguna Negra, disfrutamos de una parada en este lugar del que habíamos leído y aparecía en multitud de ocasiones dentro de las listas de pueblos pintorescos. Personalmente, os lo recomendamos.

Es un paseo pequeño pero lleno de imágenes y paisajes que uno no acostumbra a encontrar. Este año, que está muy cercano a su término, en cuestión de viajes nos ha aportado muchas satisfacciones, pero quizá uno de los grandes descubrimientos, sobre el que si lo reconocemos no teníamos tan altas las expectativas, ha sido la provincia de Soria, a la que esperamos volver pronto para dejarnos de nuevo impresionar.


Algo está cambiando, el turismo rural cada vez parece despertar más interés entre las personas, quizá el recuerdo de otros tiempos, la búsqueda de otra forma de vida, o simplemente  la necesidad de desconectar drásticamente con el día a día. Independientemente de cuál sea vuestra motivación, si tenéis ganas de conocer un lugar distinto y peculiar Calatañazor es una oportunidad que os espera…

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29 de noviembre de 2011

El Campo del Moro

Entre dos
En el s. XII, la idea de reconquistar por los musulmanes Madrid se materializa cuando deciden asentarse a los pies del Alcazar, en un desnivel pronunciado que separa éste del Rio.

Siglos después paseamos por ese lugar, el llamado Campo del Moro desde el s.XIX, cuyo nombre rememora ese hecho histórico y que hoy es uno de los jardines más bonitos y mejor cuidados de la ciudad y, sin embargo, poco conocido.

Campo del Moro

La entrada principal se encuentra en el Paseo Virgen del Puerto, a pocos metros de la Estación de Príncipe Pío. Probablemente la ubicación de la entrada es la responsable de que, a pocos metros de Plaza España y lindando con el Palacio Real, se pueda disfrutar de un remanso de paz inimaginable.

En la época primaveral es fácil encontrar parejas en el día de su boda realizando su reportaje fotográfico. Y no es de extrañar, no hace falta adentrarse en su interior, para hacerse a la idea de que los jardines ofrecen imágenes de excepción.

Campo del Moro

Veinte hectareas de járdin poblado de árboles, arbustos, flores y diferentes especies animales, hacen de este rincón de Madrid un espacio lleno de encanto.

Campo del Moro
En el s.XII, como comentabamos al iniciar este relato, Ali Be Yusuf dirige a un ejército musulmán y elige este lugar para su asentamiento. Posteriormente, el paso de diferentes monarcas por la Historia de nuestro país puso interés en este espacio, aunque la mayoría encontró dificultades debido a las características que presentaba el terreno, al ser un barranco de pendiente pronunciada.

El primero fue Felipe II que pretendió acabar con el desnivel del terreno sin éxito alguno. Posteriormente, el interés en la caza de Felipe IV favoreció que se plantaran algunas especies arbóreas en el recinto y esté se dedicara a ese menester.

En el s XVIII, las tendencias de jardines que se imponían al estilo de la Granja o Aranjuez se intentaron trasladar de manos de Felipe V y Carlos III a este espacio, pero de nuevo la naturaleza parecía querer ganar la batalla. A principios del S.XIX, y a solo un año de su muerte, Juan Villanueva realiza una construcción subterránea que comunica el Palacio Real con la Casa de Campo. De ese pasadizo, actualmente se conservan algunos tramos, uno de ellos debajo de las escaleras que hay en la entrada al jardín en el Paseo Virgen del Puerto.

El Palacio Real se encuentra rodeado por tres espacios que contribuyen a ensalzar su belleza. Los Jardines de Sabatini, la Plaza de Oriente y el Campo del Moro. En el S. XIX, es el Arquitecto que diseñó la Plaza de Oriente, Narciso Pascual Colomer, quién inicia el diseño de los jardines de los que hoy estamos hablando.

Aprovechando las obras de la Puerta del Sol, se utilizan los escombros de los edificios derruidos para salvar el profundo desnivel y se diseña una vía que ofrece una panorámica del actual Palacio Real que se conoce como la Pradera de las Vistas del Sol.

En ese punto, los jardines quedan vestidos de "reales". Desde Aranjuez se trae la Fuente de los Tritones, cuya fama en la actualidad es de ser la más antigua de toda la capital. Se cree que su origen se ubica en Italia, en el s.XVI.de estilo barroco y marmol blanco, se encuentra en la parte más alta de la pradera.

Campo del Moro Fuente de las Conchas
Campo del Moro Fuente de las COnchas




Campo del Moro

Otra de las fuentes que se sitúa en la vía es la fuente de las Conchas, un regalo de los Duques de San Fernando de Quiroga a la Corona que estuvo sita en Boadilla del Monte, en el Palacio del Infante Don Luis y que tiene un protagonismo palpable en los jardines.

El Campo del Moro es un jardín situado en pleno centro de la capital de España, a pesar de su ubicación de excepción no se encuentra en muchas ocasiones dentro de las guías de viajeros de la ciudad, pero su visita, en cambio, a parte de Historia, ofrece contrastes imposibles que no dejan de impresionar. Bajo nuestra opinión este decorado recoge una fotografía "imprescindible" de Madrid. Quizá una de las mejores perspectivas del Palacio Real de las que se puede disfrutar, y la encuentras desde la misma puerta de entrada.

Campo del Moro

Una vez dentro de los jardines, el desnivel con la calle es notable, quedando ésta unos metros por encima, y parece que te sumerges en un espacio aislado del mundanal ruido. El sonido del tráfico queda totalmente silenciado mientras paseas, para ser sustituido por el sonido que predomina en los jardines, el de aves tropicales que, por algún motivo que desconocemos, han encontrado entre las copas de los arboles de este jardín su morada. Numerosas especies de pájaros verdes y grises pían al estilo de las cotorras de forma insaciable. Revolotean nerviosas y cruzan el Paseo Virgen del Puerto hacia Madrid Rio. No son las únicas, palomas, gorriones y otras especies más comparten ramas "reales".

Los caminos salen y se bifurcan infinitos. Muchos de ellos con nombres descriptivos que anticipan lo que vas a encontrar, "El Paseo de los Castaños", "El Paseo de las Hayas", etc, etc...

Campo del Moro

Partes del recorrido sombrías, donde los contrastes de luces son potentes, las sombras son negros intensos, y las luces blancos deslumbrantes. En este juego de luces es cuando las leyendas que reposan sobre el jardín vienen a la mente. Es difícil que existan rincones vinculados a la Historia que no estén envueltos en leyendas y el Campo del Moro no iba a ser menos.  La primera quizá sea una leyenda amable cuyo protagonista es un alma en pena por amor. Un ser a quien fue arrebatado por el "moro" a su amada y que vagaba por los járdines apareciéndose a nobles y aristócratas damas en busca de su cariño. Algo que a ellas en vez de asustar, se dice que las alentaba y promovía entre los arbustos la búsqueda del enamorado fantasma. Alguna atribuyó un embarazo " misterioso" a este encuentro paranormal. (Ya se sabe, cosas de palacio)

Campo del Moro
La otra leyenda data del reinado del padre de Isabel la Católica (Juan II), un hombre querido por el pueblo, aunque no tuvo trascendencia política, a quien le regalaron un osezno acompañado de un domador. Las artes del profesional con el animal parecían no ser muy buenas, y resultó ser muy violento. Cuentan que una noche el oso desapareció forzando los barrotes de la jaula y, ni de él ni del domador, se volvió a saber. Pero por las noches gruñidos, sombras y movimientos de los que se dice que hubo testigos aseguraban que se trataba de un oso que perseguía a un hombre para apresarlo con sus garras.

Estas leyendas combinan perfectamente con la parte del jardín  que se ciñe más a un estilo romántico, con recovecos y rincones que tienen pequeños elementos ornamentales.

Un jardín que, debido a su variedad botánica, ofrece diferentes estampas según la estación del año en la que es visitado. Ahora, en este otoño ya avanzado, el suelo es un manto de hojas espeso, y ofrece contrastes de colores que ya tienen fecha de caducidad, pero que aunque sea de manera efímera, contribuyen aun más a dotar el jardín de romanticismo.

En la época de la Guerra Civil, quedo bastante perjudicado, y tuvo que ser sometido a una restauración posteriormente.

Campo del Moro

Dentro del jardín se encuentra el Museo de Carruajes, cerrado al público desde los años 90. Enfrente del mismo es dónde más gente se concentra los domingos por la mañana, principalmente estampas familiares atraídas por los patos y cisnes que moran en él. Y quizá porque también sea el lugar en el que resulte más fácil encontrarse a alguno de los pavos reales que residen en tan emblemático lugar, y que se convierten en un atractivo muy demandado por fotográfos y niños.

Otros elementos  del jardín son algunas de las construcciones como el Chalet de Corcho o la Casita de la Reina, diseñada por Repullés y cuya función hoy es exclusivamente decorativa.

Campo del Moro
Campo del Moro










Intentamos con todo esto transmitir que los Jardines del Campo del Moro, gestionados por Patrimonio Nacional, y declarados de interés histórico-artístico a comienzo de los años 30, son un compendio de multitud de cosas, desde el punto de vista paisajístico, histórico, estético...

Campo del Moro
Campo del Moro










Es un rincón de paz y tranquilidad en el corazón de la gran ciudad, a los pies del majestuoso Palacio Real, como un pulmón más de está bella ciudad que tiene mucho que ofrecer. Tras sus rejas alberga un espacio que bajo nuestra opinión no os deberíais perder.

Una vez más Madrid nos sorprende y nos presta un cachito de si misma para disfrutar del placer de pasear...


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Campo del Moro


2 de noviembre de 2011

El Hayedo de la Tejera Negra

Entre dos
La llegada del otoño parece querer hacerse desear. Este año las altas temperaturas nos acompañan, y un verano mimoso no quiere partir hasta la sala de espera del año que viene. Pero la naturaleza comienza a forzar la despedida, y se empiezan a ver los primeros signos de un otoño incipiente. (Información acerca de reservas actualizada en 2016)

El otoño es una estación que se debate entre el romanticismo y la nostalgia, los paisajes multicolores que navegan entre los tonos ocres, rojizos, anaranjados y marrones imprimen las imagenes de sensaciones especialmente bellas.

Hayedo de la Tejera Negra

Los hayedos suelen ser espacios naturales que en otoño ofrecen estampas inolvidables. Llevamos años deseando ir al Hayedo de Montejo, en la Sierra del Rincón. Pero este año, el primer día que se abrían las resevas para el mes de noviembre, a mitad de la mañana ya estaba todo completo hasta enero. Asi que, el Hayedo de Montejo tendrá que esperar. Para todos aquellos interesados,( que también llegueis tarde, os recomendamos en su defecto un paseo por la Sierra del Rincón en dónde se ubica el hayedo y que también os hará llenaros de otoño.)   Actualización 2016: Desde que nosotros visitamos el Hayedo hasta la actualidad, las condiciones de acceso han cambiado, si vais a realizar la ruta de la Senda Carretas que es de la que os hablamos en esta entrada es obligatorio la reserva previa en cualquier época del año. Importante saber que con mucha antelación suelen estar completos los fines de semana y festivos de los meses otoñales. Hay que ser previsor.  Pero si os gusta caminar teneis la opción de visitar el hayedo sin necesidad de llevar acabo esa reserva, solo que no podriais seguir la Senda Carretas, si no que tendriais que tomar la Senda del Robledal, de 17 km y que sale desde el Centro de Interpretación. Para ese recorrido no hace falta reservar plaza.

Si quereis disfrutar de otro de los hayedos que en el otoño se colorea de mil tonos rojizos, está la Tejera Negra, situado en la provincia de Guadalajara. Hay que dirigirse hasta la localidad de Cantalojas, y desde alli  seguir las indicaciones que os llevaran a  una pista forestal de unos 8 kilometros hasta llegar al aparcamiento.

Hayedo de la Tejera Negra
La Tejera Negra, menos popular que el Hayedo de Montejo se encuentra algo más aislado. Entre los valles de Lilla y Sorbe. El acceso desde la Comunidad de Madrid, a pesar de no estar a demasiados kms, se puede tornar un poco más largo, ya que gran parte del recorrido se realiza por carreteras secundarias que van rodeando Somosierra y la Sierra de Ayllon. Lo positivo de ello es el paisaje que acompaña a la excursión.

En caso de no poder acceder al Hayedo,, os recomendamos que visitéis alguno de los pueblos que conforman la Ruta de la Arquitectura Negra que gozan de un encanto peculiar (anteriormente ya os hemos hablado sobre Majaelrayo y Campillo de Ranas,, Valverde de los Arroyos y la Chorrera de Despeñalagua o Roblelacasa y las Cascadas de los Aljibes)


Nuestra visita, en un día laborable solitario, se ha realizado en este otoño caprichoso del que hablábamos y que parece no querer asomar. A pesar de ello, hace un par de semanas en el hayedo se divisaban las primeras tonalidades rojizas, y el suelo se cubría con las primeras hojas caducas que habían abandonado las ramas.

Las Senda Carretas fue nuestro itinerario, una senda circular que comienza en el mismo aparcamiento y que discurre por el interior del hayedo durante unos seis kilómetros aproximadamente, con un desnivel de unos 280 metros. Está perfectamente señalizada a través de balizas pintadas de blanco y proporciona un paseo agradable.

Hayedo de la Tejera Negra

El verano de este año 2011, al igual que estas semanas de otoño se han caracterizado por ser especialmente seco, lo cual se veía reflejado hace unos días en el hayedo, donde los cauces del rio se veían escasos y en algunos puntos totalmente inexistentes.

Calculamos que a partir de estas fechas, y durante todo el mes de noviembre, este paisaje cada vez irá tornándose en una imagen más bucólica. 

Hayedo de la Tejera Negra
Durante los primeros metros se camina por el margen de lo que sería el rio, en tiempos de mayor abundancia de aguas. Posteriormente, y poco a poco, uno se va adentrando en un paisaje más sombrío, donde las estaciones vecinas (verano y otoño) conviven en la naturaleza. La vegetación deja pasar con limitaciones los rayos solares y bajo ese manto de hojas la estampa es un concierto de luces, sombras y colores.



Es en este punto en el que se está a punto de llegar a la carbonera, un lugar simbólico, construido como muestra de uno de los medios de vida de la gente del lugar, el carbón vegetal.

Hayedo de la Tejera Negra


La Tejera Negra es conocido por sus hayas y por la rareza de existencia de este tipo de especies en lugares como en el que se encuentra este Parque Natural. Es necesaria la existencia de unas condiciones climatológicas específicas para la supervivencia de esta especie, y es en la Tejera Negra donde se produce ese microclima que permite la existencia de este tipo de árbol. Pero en el paseo no solo disfrutaréis de estos árboles, pinos, robles y algún tejo centenario os acompañaran durante la pequeña ruta.

Hayedo de la Tejera Negra Hayedo de la Tejera Negra





















Poco a poco las hayas se van quedando atrás, la luz comienza a filtrarse entre los árboles, en ese momento aparece mayor vegetación en el suelo. En este lugar se inicia una subida con una pendiente un poco más pronunciada que lleva hasta la Pradera de Mataredonda, que ofrece una vista panorámica de los Valles que rodean este espacio natural.

Hayedo de la Tejera Negra

Nos encontramos en el punto más alto de la ruta, desde ahí y tras divisar en paz absoluta el entorno que te rodea, continua la senda en dirección al aparcamiento.

Hayedo de la Tejera Negra

Diversos puentecitos y bosques, que vuelven a aparecer y a impedir que la luz se filtre con fuerza, son los protagonistas durante un buen rato. Constantemente, en el silencio de aquel día laborable, se escuchaban ruidos entre las hojas que nos hacían darnos cuenta que no estábamos solos. Que en ese lugar habitan aparte de especies vegetales numerosas especies animales. Corzos, tejos, gatos monteses, pequeños ratoncillos, jabalíes... y el que quiso demostrarnos que la bibliografía no miente cuando habla de la existencia también de zorros. Simpático y sin demasiada prisa, apareció haciendo sonar las hojas caídas un hermoso zorro, que se nos quedó mirando durante unos segundos antes de continuar nuestro camino para luego continuar su marcha. Esta es probablemente una de las ventajas de poder visitar el lugar un día poco frecuentado por multitudes.

Hayedo de la Tejera Negra

La ruta termina de nuevo en el aparcamiento, tras bastantes metros de bajada, que te hace preguntarte en qué momento habías subido tanto. Durante el último tramo el paseo se da fuera de la vegetación sombría, rodeado de pequeños arbustos y algún que otro árbol.

No queríamos dejar de hablaros y recomendaros en estas fechas la visita a este lugar, o para los que no os pille cerca, a algún Hayedo. En nuestro blog de momento os hemos hablado de la Selva de Irati  y Hayedo Encantado (Navarra), la Sierra del Rincón (Hayedo de Montejo), el Hayedo de la Pedrosa (Segovia) y ahora la Tejera Negra. Paisajes que están en pleno esplendor en el otoño, aunque otras estaciones, como la primavera, también están llenos encanto. Creemos que la visita a un Hayedo es una de las mejores formas para dar la bienvenida al otoño que nos acompaña, mientras nos enseña su cara más bella...

Hayedo de la Tejera Negra

El otoño es una estación estupenda para descubrir nuevos lugares, cuando rescatas del armario los jerseys, los abrigos, impermeables o paraguas. Cuando sientes el placer de caminar sintiendo el frescor en la cara. Es el momento de acercarse a los pueblos perfumados de leña, de disfrutar las largas sobremesas alrededor de un foco de calor tras una comida contundente, de las caminatas con el sonido del crujir de las hojas bajo nuestros pies, de los paisajes multicolores, románticos y nostálgicos. El momento en el que mientras nosotros nos vestimos, la naturaleza se desnuda...

Si queréis conocer más lugares para disfrutar del otoño al aire libre, aquí os lo contamos.


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Hayedo de la Tejera Negra


16 de septiembre de 2011

Ruta: Pla de Beret - Santuario de Montgarri

Entre dos

Santuario de Montgarri

Los Pirineos Catalanes y, más concretamente, el Valle de Arán en Lérida (Lleida), han sido todo un descubrimiento para nosotros. Una experiencia totalmente revitalizante y depuradora de cuerpo y mente. Y lo mejor, adictiva, porque ya estamos pensando en que queremos volver.

Elegir cuál sería el primer destino de los visitados sobre el que hablaríamos ha sido complicado, entre los pueblos típicamente pirenaicos (Vielha, Salardú, Arties, Valle de Boí) y las excursiones a ese entorno natural (Parque Nacional de Aigüestortes, Cascada de Uhels de Joeu y Artiga de Lin, Salto del Pish...),  todos ellos dotados de recursos impresionantes, nos hemos decantado por un paseo que une Pla de Beret con el Santuario de Montgarri y que durante 12 km (ida y vuelta) te adentra en un paisaje de excepción.

Santuario de Montgarri

Pla de Beret se encuentra a unos 1.860 metros de altitud. Los remontes de la Estación de Baqueira Beret, en el mes de agosto, estaban vacios y, lo que en invierno debe ser un manto de nieve, esquies, gorros, gafas y bufandas, en verano se había convertido en una amplia y vasta extensión de pastos, en el que se escuchaban resonar numerosos cencerros y relinchos del ganado vacuno y equino que paseaba y descansaba con total tranquilidad.


Desde Pla de Beret parte la ruta. Se debe estacionar el vehículo en el amplio aparcamiento que hay en la explanada. Nosotros realizamos la ruta por la tarde, por lo que en el trayecto no encontramos prácticamente a nadie. Fue una sensación muy especial sentirte tan solo en la montaña.

La llegada hasta Pla de Beret a través del puerto de la Bonaigua puede tornarse en algún momento inquietante. Acostumbra la niebla a jugar con nuestras intenciones y volvernos inseguros acerca de si deberíamos, o no, seguir ascendiendo hasta Pla de Beret. Y es que a las nubes les gusta quedarse inmóviles a medio camino, de manera que taponan el ascenso. Dos intentos hicimos por subir, y en el segundo fue en el que descubrimos que, a pesar del encapotamiento inicial, las cumbres se encontraban despejadas y soleadas. Esto al final sumaba puntos, porque  ¿A quién no le gusta viajar sobre las nubes?

Una vez aparcados es fácil desorientarse… ¿Por dónde empieza la ruta?

Santuario de Montgarri

El acceso al camino que dirige al Santuario de Montgarri, donde también hay un refugio y a pocos metros los restos de un pueblo abandonado en los años 60, se puede realizar bien por una pista habilitada para vehículos 4x4, o bien por una senda para peatones.

Para aquellos que quieran realizar la ruta en coche, deberán hacerlo en un vehículo apropiado (4x4) por la senda habilitada para los mismos. No se recomienda, si no es de estas características circular por el camino, aunque nos consta que hay quien lo hizo y llegó. La senda se encuentra habilitada para vehículos de esta tipología solo a partir del mes de mayo, y lo que no recordamos es hasta qué mes del otoño. Nosotros íbamos con la intención de dar un paseo y optamos por hacer el camino a pie siguiendo la senda libre de tráfico.

La mejor forma de encontrar un lugar de toda la vida ha sido preguntando. Y no será porque no llevábamos todo bien apuntado, pero una vez allí, entre tantísimas praderas, la vista se perdía entre llanos y cuernos...

Santuario de Montgarri

Según se llega al Pla, hay que dirigirse al aparcamiento, concretamente, al fondo a la izquierda. Ahí comienza la senda…  Es difícil ser más explícito en un lugar donde no tenemos más referencias en nuestra memoria que pastos y caballos, y potros, y más pastos… y vacas y más llanuras…

Desde ese punto no hay pérdida, únicamente se trata de seguir la senda marcada por el paso de tantas personas, que se adentra en bosques de pino negro, que deja a los lados pequeños arroyos, y que discurre al lado del Río Noguera Pallaresa que nace en el propio Pla de Beret.

Santuario de Montgarri

El desnivel de esta ruta es aproximadamente, de Pla de Beret a Montgarri, de unos 250 metros de bajada a la ida y a la vuelta de subida. Es una ruta que no plantea ningún tipo de dificultad y que, sin contar con paradas, se haría de dos horas y media a tres.

La ruta puede hacerse bien de forma circular, descendiendo por la pista peatonal y ascendiendo por la pista por la que circulan vehículos todo terreno, o bien, como hicimos nosotros, ida y vuelta por la senda peatonal. Sea como fuere, por ambos caminos la distancia es similar.

Santuario de Montgarri

Discurre entre más y más laderas, naturaleza que al fondo está decorada por el perfil de montañas y, en aquella tarde de agosto, un sol justiciero que hacía que el verde fuera más verde y el cielo más azul. Costaba creer que a tan solo unos metros la niebla cubría todo el paisaje…

Y mientras caminas hacia allí, al echar la vista atrás ves como el dibujo del camino aparece y se esconde entre pequeños desniveles, dejando la estela del lugar del que partes.

En ese momento, en el que acompañan los ruidos de la naturaleza, es en el que es importante saber hacia que lugar nos dirigimos.

Santuario de Montgarri

El origen del Santuario de Montgarri data del siglo XII, cuando a un pastor se le apareció en aquel lugar la virgen de forma repetida. La actual apariencia arquitectónica de la construcción, en cambio, es del s.XVI.

Montgarri, en 2009, apenas tenía censadas 6 personas. Considerado uno, si no el que más, de los pueblos con una temperatura media anual más baja de toda España, y ubicado en un enclave excepcional para la vista, pero complicado para la supervivencia, en los años 60 se vio condenado al abandono. Hoy quedan unas simbólicas bordas y la protección por parte de la Generalitat del espacio que conformaba este núcleo rural, que durante años sobrevivió de su agricultura y ganadería.

Santuario de Montgarri
Al lado del Santuario está el refugio, y desde unos metros antes de la llegada al mismo se dispone de una panorámica bucólica. Como en una vaguada que forma el terreno se asienta, acariciado por el Río Noguera Pallaresa, entre las montañas y los pastos, este “especial lugar”.

La luz de la tarde le daba un aire más nostálgico al paisaje pirenaico. Alguna persona descansaba con los pies en el río, pero había muy poco tránsito. Y de nuevo la paz era la protagonista.

Parece ser, por lo que hemos leído, que esta es una ruta muy transitada. Desde nuestra experiencia este pasado verano, nosotros no nos encontramos nada más que a la ida con alguna persona que ya regresaba, y a la vuelta con tres personas que iban. Quizá el realizarla por la tarde pudo colaborar a que la experiencia no se convirtiera en una travesía de multitudes, no lo sabemos, pero si no fuera por haberlo escuchado antes, pensaríamos que era una ruta “casi desconocida para el mundo” (y no es así).

Y tras el disfrute solo quedaba la vuelta, que como os comentamos, realizamos por el mismo camino que fuimos. El ligero desnivel, que se da en los primeros metros de vuelta principalmente, se hace algo más pesado, pero mientras das cada paso el santuario se va haciendo chiquitito, chiquitito, y el río parece un fino hilo reflejo de un sol que cae…

Al deshacer los pasos y dejar a tu espalda Montgarri, de nuevo, las laderas y los bosques visten el camino hasta empezar a escucharse los cencerros que dejamos al principio de nuestra excursión, avisándonos que ya estamos llegando a Pla de Beret.

Santuario de Montgarri

Las nubes han subido, y la niebla se muestra mucho más cercana. Al atardecer, y al mirar a nuestro alrededor, aquello parece el Cielo, a pesar de que las leyendas digan que en Pla de Beret se celebraron múltiples akelarres. Todo lo que le rodea nada tiene que ver con un escenario macabro… es un paisaje idílico donde apetece llenarse los pulmones del aire fresco de la montaña.

Santuario de Montgarri

Al fondo queda escondido el Santuario de Montgarri, pero te llevas la experiencia de una tarde maravillosa de paseo, fotografía, charla, deleite, placer y, porque no decirlo, cansancio, pero del que gusta, de ese que cuando llegas a cenar, tras una ducha, se te llena la boca y se te dibuja una sonrisa en la cara más sonrosada de lo habitual, y dices… “Oye, pues estoy cansada ¿Eh?” - y quieres más… - “¿Dónde vamos mañana?”


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Santuario de Montgarri



11 de septiembre de 2011

Banyalbufar

Entre dos
A 25 km de la capital de la isla de Mallorca, unas ondas se dibujan en el terreno que forma el litoral. Fuertes contrastes de color ofrecen una imagen pintoresca que, sin duda alguna, es el fuerte atractivo del lugar que hoy os queremos enseñar: Banyalbufar.

Al suroeste de la Sierra de la Tramontana (Serra de la Tramuntana), y a unos 16 km de Valldemossa, lugar encantador, se sitúa esta localidad. Etimológicamente hablando significa “construido al lado del mar”. Acepción que refleja de forma precisa el perfil de este lugar.

Banyalbufar

La topografía de su terreno ofrece unas vistas impresionantes. Una zona abrupta, que linda con acantilados y cuyas protagonistas son las terrazas que limitan con el mar e invaden un tercio de la población. Terrazas repobladas por lo que durante años fue el producto estrella en el lugar, la malvasía, que daba origen al vino típico de la zona (blanco y seco) y que en el s.XIX desapareció tras una plaga quedando abandonada su cosecha. Tras estos sucesos comenzó el cultivo, para aprovechar el terreno, de tomates y patatas.

Banyalbufar

Ahora, bastantes años después, esas terrazas dispuestas en desniveles, y que parecen formar escaleras que llevan al mar para salvar los obstáculos de un terreno tan heterogéneo, están siendo repobladas gracias a la iniciativa puesta en marcha al encontrarse, en un jardín privado, una vieja cepa de la antigua “malvasía” que, tras someterse a estudio y procesos varios, se ha podido reproducir y poner en marcha de nuevo su cultivo.

Banyalbufar

La carretera divide al pueblo y desde ella, como pequeños nervios estrechos, nacen callejuelas cuya pendiente dirige a las viviendas. Escaleras que desafían a la gravedad van salvando las puertas de las casas desde las que se intuye unas vistas maravillosas.

Banyalbufar

El municipio, de unos 18 km cuadrados, no supera los 500 habitantes de forma permanente. En verano se produce un aumento significativo de la población, a pesar de ello, se trata de una localidad tranquila en la que poder deleitarse de un descanso de ensueño.

Banyalbufar

El acceso al mar es otro de sus atractivos, dispone de 5 playas. Nos sorprende especialmente la Cala de Banyalbufar, a la que se puede llegar descendiendo desde la Calle Mayor, por una gran pendiente durante un kilómetro, aproximadamente. Se puede acceder en coche (lo cual recomendamos, tras nuestro fatigado paseo de vuelta) y dispone de aparcamiento gratuito. 

Banyalbufar

La Cala es tremendamente pintoresca, el acceso únicamente se puede hacer a pie a través de unas escaleras y, desde arriba, el agua se divisa como una mezcla de verdes y azules intensos que permiten ver un fondo de piedras. Mide unos 100 metros de largo y 15 de ancho. Limitada por una  pared de acantilado con una caída de agua en forma de cascada que no dejó de sorprendernos. Está reforzada y protegida con red por los habituales desprendimientos. Su entorno le confiere un carácter especial, y este mismo es el que hace que no esté masificada, ya que su acceso y características no son atractivas para todo tipo de público.

Banyalbufar
En el entorno de Banyalbufar quedan algunos restos de las atalayas que hicieron su misión defensiva en la época en la que los corsarios acechaban las tierras para saquearlas, y que formaban parte de un sistema de vigilancia que protegía el litoral de la isla. Una de las más conocidas en la Historia mallorquina se encuentra en este municipio, la Torre des Verges (conocida popularmente como la Torreta o Torre de Ses Animes, por leyendas que la envuelven en cuanto a desapariciones en sus inmediaciones). 

El sector turístico ha sido otro de los impulsos para esta localidad. En nuestra ruta, aquel día, tras la visita de Valldemossa, acudimos a Banyalbuyar, y aparte de disfrutar de este bonito pueblo, y sus espectaculares características singulares, también paramos a comer. Sin haber planificado con anterioridad este momento, elegimos el lugar al azar. El Restaurant Es Trast, de pocas mesas, pero con bastante encanto en cuando a decoración. No fue una mala elección gastronómicamente hablando, lástima que quedó algo empañada la visita por el tiempo de espera en general, tanto para la llegada de las entradas como entre platos.

La Sierra de la Tramontana, en las Islas Baleares (Illes Balears), ofrece en su conjunto un entorno mágico. Banyalbufar es una de esas paradas que colorea con azules infinitos un paseo para recordar.


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Banyalbufar

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