2 de noviembre de 2011

El Hayedo de la Tejera Negra

Entre dos
La llegada del otoño parece querer hacerse desear. Este año las altas temperaturas nos acompañan, y un verano mimoso no quiere partir hasta la sala de espera del año que viene. Pero la naturaleza comienza a forzar la despedida, y se empiezan a ver los primeros signos de un otoño incipiente. (Información acerca de reservas actualizada en 2016)

El otoño es una estación que se debate entre el romanticismo y la nostalgia, los paisajes multicolores que navegan entre los tonos ocres, rojizos, anaranjados y marrones imprimen las imagenes de sensaciones especialmente bellas.

Hayedo de la Tejera Negra

Los hayedos suelen ser espacios naturales que en otoño ofrecen estampas inolvidables. Llevamos años deseando ir al Hayedo de Montejo, en la Sierra del Rincón. Pero este año, el primer día que se abrían las resevas para el mes de noviembre, a mitad de la mañana ya estaba todo completo hasta enero. Asi que, el Hayedo de Montejo tendrá que esperar. Para todos aquellos interesados,( que también llegueis tarde, os recomendamos en su defecto un paseo por la Sierra del Rincón en dónde se ubica el hayedo y que también os hará llenaros de otoño.)   Actualización 2016: Desde que nosotros visitamos el Hayedo hasta la actualidad, las condiciones de acceso han cambiado, si vais a realizar la ruta de la Senda Carretas que es de la que os hablamos en esta entrada es obligatorio la reserva previa en cualquier época del año. Importante saber que con mucha antelación suelen estar completos los fines de semana y festivos de los meses otoñales. Hay que ser previsor.  Pero si os gusta caminar teneis la opción de visitar el hayedo sin necesidad de llevar acabo esa reserva, solo que no podriais seguir la Senda Carretas, si no que tendriais que tomar la Senda del Robledal, de 17 km y que sale desde el Centro de Interpretación. Para ese recorrido no hace falta reservar plaza.

Si quereis disfrutar de otro de los hayedos que en el otoño se colorea de mil tonos rojizos, está la Tejera Negra, situado en la provincia de Guadalajara. Hay que dirigirse hasta la localidad de Cantalojas, y desde alli  seguir las indicaciones que os llevaran a  una pista forestal de unos 8 kilometros hasta llegar al aparcamiento.

Hayedo de la Tejera Negra
La Tejera Negra, menos popular que el Hayedo de Montejo se encuentra algo más aislado. Entre los valles de Lilla y Sorbe. El acceso desde la Comunidad de Madrid, a pesar de no estar a demasiados kms, se puede tornar un poco más largo, ya que gran parte del recorrido se realiza por carreteras secundarias que van rodeando Somosierra y la Sierra de Ayllon. Lo positivo de ello es el paisaje que acompaña a la excursión.

En caso de no poder acceder al Hayedo,, os recomendamos que visitéis alguno de los pueblos que conforman la Ruta de la Arquitectura Negra que gozan de un encanto peculiar (anteriormente ya os hemos hablado sobre Majaelrayo y Campillo de Ranas,, Valverde de los Arroyos y la Chorrera de Despeñalagua o Roblelacasa y las Cascadas de los Aljibes)


Nuestra visita, en un día laborable solitario, se ha realizado en este otoño caprichoso del que hablábamos y que parece no querer asomar. A pesar de ello, hace un par de semanas en el hayedo se divisaban las primeras tonalidades rojizas, y el suelo se cubría con las primeras hojas caducas que habían abandonado las ramas.

Las Senda Carretas fue nuestro itinerario, una senda circular que comienza en el mismo aparcamiento y que discurre por el interior del hayedo durante unos seis kilómetros aproximadamente, con un desnivel de unos 280 metros. Está perfectamente señalizada a través de balizas pintadas de blanco y proporciona un paseo agradable.

Hayedo de la Tejera Negra

El verano de este año 2011, al igual que estas semanas de otoño se han caracterizado por ser especialmente seco, lo cual se veía reflejado hace unos días en el hayedo, donde los cauces del rio se veían escasos y en algunos puntos totalmente inexistentes.

Calculamos que a partir de estas fechas, y durante todo el mes de noviembre, este paisaje cada vez irá tornándose en una imagen más bucólica. 

Hayedo de la Tejera Negra
Durante los primeros metros se camina por el margen de lo que sería el rio, en tiempos de mayor abundancia de aguas. Posteriormente, y poco a poco, uno se va adentrando en un paisaje más sombrío, donde las estaciones vecinas (verano y otoño) conviven en la naturaleza. La vegetación deja pasar con limitaciones los rayos solares y bajo ese manto de hojas la estampa es un concierto de luces, sombras y colores.



Es en este punto en el que se está a punto de llegar a la carbonera, un lugar simbólico, construido como muestra de uno de los medios de vida de la gente del lugar, el carbón vegetal.

Hayedo de la Tejera Negra


La Tejera Negra es conocido por sus hayas y por la rareza de existencia de este tipo de especies en lugares como en el que se encuentra este Parque Natural. Es necesaria la existencia de unas condiciones climatológicas específicas para la supervivencia de esta especie, y es en la Tejera Negra donde se produce ese microclima que permite la existencia de este tipo de árbol. Pero en el paseo no solo disfrutaréis de estos árboles, pinos, robles y algún tejo centenario os acompañaran durante la pequeña ruta.

Hayedo de la Tejera Negra Hayedo de la Tejera Negra





















Poco a poco las hayas se van quedando atrás, la luz comienza a filtrarse entre los árboles, en ese momento aparece mayor vegetación en el suelo. En este lugar se inicia una subida con una pendiente un poco más pronunciada que lleva hasta la Pradera de Mataredonda, que ofrece una vista panorámica de los Valles que rodean este espacio natural.

Hayedo de la Tejera Negra

Nos encontramos en el punto más alto de la ruta, desde ahí y tras divisar en paz absoluta el entorno que te rodea, continua la senda en dirección al aparcamiento.

Hayedo de la Tejera Negra

Diversos puentecitos y bosques, que vuelven a aparecer y a impedir que la luz se filtre con fuerza, son los protagonistas durante un buen rato. Constantemente, en el silencio de aquel día laborable, se escuchaban ruidos entre las hojas que nos hacían darnos cuenta que no estábamos solos. Que en ese lugar habitan aparte de especies vegetales numerosas especies animales. Corzos, tejos, gatos monteses, pequeños ratoncillos, jabalíes... y el que quiso demostrarnos que la bibliografía no miente cuando habla de la existencia también de zorros. Simpático y sin demasiada prisa, apareció haciendo sonar las hojas caídas un hermoso zorro, que se nos quedó mirando durante unos segundos antes de continuar nuestro camino para luego continuar su marcha. Esta es probablemente una de las ventajas de poder visitar el lugar un día poco frecuentado por multitudes.

Hayedo de la Tejera Negra

La ruta termina de nuevo en el aparcamiento, tras bastantes metros de bajada, que te hace preguntarte en qué momento habías subido tanto. Durante el último tramo el paseo se da fuera de la vegetación sombría, rodeado de pequeños arbustos y algún que otro árbol.

No queríamos dejar de hablaros y recomendaros en estas fechas la visita a este lugar, o para los que no os pille cerca, a algún Hayedo. En nuestro blog de momento os hemos hablado de la Selva de Irati  y Hayedo Encantado (Navarra), la Sierra del Rincón (Hayedo de Montejo), el Hayedo de la Pedrosa (Segovia) y ahora la Tejera Negra. Paisajes que están en pleno esplendor en el otoño, aunque otras estaciones, como la primavera, también están llenos encanto. Creemos que la visita a un Hayedo es una de las mejores formas para dar la bienvenida al otoño que nos acompaña, mientras nos enseña su cara más bella...

Hayedo de la Tejera Negra

El otoño es una estación estupenda para descubrir nuevos lugares, cuando rescatas del armario los jerseys, los abrigos, impermeables o paraguas. Cuando sientes el placer de caminar sintiendo el frescor en la cara. Es el momento de acercarse a los pueblos perfumados de leña, de disfrutar las largas sobremesas alrededor de un foco de calor tras una comida contundente, de las caminatas con el sonido del crujir de las hojas bajo nuestros pies, de los paisajes multicolores, románticos y nostálgicos. El momento en el que mientras nosotros nos vestimos, la naturaleza se desnuda...

Si queréis conocer más lugares para disfrutar del otoño al aire libre, aquí os lo contamos.


¿Tienes planes hoy?

Hayedo de la Tejera Negra


16 de septiembre de 2011

Ruta: Pla de Beret - Santuario de Montgarri

Entre dos

Santuario de Montgarri

Los Pirineos Catalanes y, más concretamente, el Valle de Arán en Lérida (Lleida), han sido todo un descubrimiento para nosotros. Una experiencia totalmente revitalizante y depuradora de cuerpo y mente. Y lo mejor, adictiva, porque ya estamos pensando en que queremos volver.

Elegir cuál sería el primer destino de los visitados sobre el que hablaríamos ha sido complicado, entre los pueblos típicamente pirenaicos (Vielha, Salardú, Arties, Valle de Boí) y las excursiones a ese entorno natural (Parque Nacional de Aigüestortes, Cascada de Uhels de Joeu y Artiga de Lin, Salto del Pish...),  todos ellos dotados de recursos impresionantes, nos hemos decantado por un paseo que une Pla de Beret con el Santuario de Montgarri y que durante 12 km (ida y vuelta) te adentra en un paisaje de excepción.

Santuario de Montgarri

Pla de Beret se encuentra a unos 1.860 metros de altitud. Los remontes de la Estación de Baqueira Beret, en el mes de agosto, estaban vacios y, lo que en invierno debe ser un manto de nieve, esquies, gorros, gafas y bufandas, en verano se había convertido en una amplia y vasta extensión de pastos, en el que se escuchaban resonar numerosos cencerros y relinchos del ganado vacuno y equino que paseaba y descansaba con total tranquilidad.


Desde Pla de Beret parte la ruta. Se debe estacionar el vehículo en el amplio aparcamiento que hay en la explanada. Nosotros realizamos la ruta por la tarde, por lo que en el trayecto no encontramos prácticamente a nadie. Fue una sensación muy especial sentirte tan solo en la montaña.

La llegada hasta Pla de Beret a través del puerto de la Bonaigua puede tornarse en algún momento inquietante. Acostumbra la niebla a jugar con nuestras intenciones y volvernos inseguros acerca de si deberíamos, o no, seguir ascendiendo hasta Pla de Beret. Y es que a las nubes les gusta quedarse inmóviles a medio camino, de manera que taponan el ascenso. Dos intentos hicimos por subir, y en el segundo fue en el que descubrimos que, a pesar del encapotamiento inicial, las cumbres se encontraban despejadas y soleadas. Esto al final sumaba puntos, porque  ¿A quién no le gusta viajar sobre las nubes?

Una vez aparcados es fácil desorientarse… ¿Por dónde empieza la ruta?

Santuario de Montgarri

El acceso al camino que dirige al Santuario de Montgarri, donde también hay un refugio y a pocos metros los restos de un pueblo abandonado en los años 60, se puede realizar bien por una pista habilitada para vehículos 4x4, o bien por una senda para peatones.

Para aquellos que quieran realizar la ruta en coche, deberán hacerlo en un vehículo apropiado (4x4) por la senda habilitada para los mismos. No se recomienda, si no es de estas características circular por el camino, aunque nos consta que hay quien lo hizo y llegó. La senda se encuentra habilitada para vehículos de esta tipología solo a partir del mes de mayo, y lo que no recordamos es hasta qué mes del otoño. Nosotros íbamos con la intención de dar un paseo y optamos por hacer el camino a pie siguiendo la senda libre de tráfico.

La mejor forma de encontrar un lugar de toda la vida ha sido preguntando. Y no será porque no llevábamos todo bien apuntado, pero una vez allí, entre tantísimas praderas, la vista se perdía entre llanos y cuernos...

Santuario de Montgarri

Según se llega al Pla, hay que dirigirse al aparcamiento, concretamente, al fondo a la izquierda. Ahí comienza la senda…  Es difícil ser más explícito en un lugar donde no tenemos más referencias en nuestra memoria que pastos y caballos, y potros, y más pastos… y vacas y más llanuras…

Desde ese punto no hay pérdida, únicamente se trata de seguir la senda marcada por el paso de tantas personas, que se adentra en bosques de pino negro, que deja a los lados pequeños arroyos, y que discurre al lado del Río Noguera Pallaresa que nace en el propio Pla de Beret.

Santuario de Montgarri

El desnivel de esta ruta es aproximadamente, de Pla de Beret a Montgarri, de unos 250 metros de bajada a la ida y a la vuelta de subida. Es una ruta que no plantea ningún tipo de dificultad y que, sin contar con paradas, se haría de dos horas y media a tres.

La ruta puede hacerse bien de forma circular, descendiendo por la pista peatonal y ascendiendo por la pista por la que circulan vehículos todo terreno, o bien, como hicimos nosotros, ida y vuelta por la senda peatonal. Sea como fuere, por ambos caminos la distancia es similar.

Santuario de Montgarri

Discurre entre más y más laderas, naturaleza que al fondo está decorada por el perfil de montañas y, en aquella tarde de agosto, un sol justiciero que hacía que el verde fuera más verde y el cielo más azul. Costaba creer que a tan solo unos metros la niebla cubría todo el paisaje…

Y mientras caminas hacia allí, al echar la vista atrás ves como el dibujo del camino aparece y se esconde entre pequeños desniveles, dejando la estela del lugar del que partes.

En ese momento, en el que acompañan los ruidos de la naturaleza, es en el que es importante saber hacia que lugar nos dirigimos.

Santuario de Montgarri

El origen del Santuario de Montgarri data del siglo XII, cuando a un pastor se le apareció en aquel lugar la virgen de forma repetida. La actual apariencia arquitectónica de la construcción, en cambio, es del s.XVI.

Montgarri, en 2009, apenas tenía censadas 6 personas. Considerado uno, si no el que más, de los pueblos con una temperatura media anual más baja de toda España, y ubicado en un enclave excepcional para la vista, pero complicado para la supervivencia, en los años 60 se vio condenado al abandono. Hoy quedan unas simbólicas bordas y la protección por parte de la Generalitat del espacio que conformaba este núcleo rural, que durante años sobrevivió de su agricultura y ganadería.

Santuario de Montgarri
Al lado del Santuario está el refugio, y desde unos metros antes de la llegada al mismo se dispone de una panorámica bucólica. Como en una vaguada que forma el terreno se asienta, acariciado por el Río Noguera Pallaresa, entre las montañas y los pastos, este “especial lugar”.

La luz de la tarde le daba un aire más nostálgico al paisaje pirenaico. Alguna persona descansaba con los pies en el río, pero había muy poco tránsito. Y de nuevo la paz era la protagonista.

Parece ser, por lo que hemos leído, que esta es una ruta muy transitada. Desde nuestra experiencia este pasado verano, nosotros no nos encontramos nada más que a la ida con alguna persona que ya regresaba, y a la vuelta con tres personas que iban. Quizá el realizarla por la tarde pudo colaborar a que la experiencia no se convirtiera en una travesía de multitudes, no lo sabemos, pero si no fuera por haberlo escuchado antes, pensaríamos que era una ruta “casi desconocida para el mundo” (y no es así).

Y tras el disfrute solo quedaba la vuelta, que como os comentamos, realizamos por el mismo camino que fuimos. El ligero desnivel, que se da en los primeros metros de vuelta principalmente, se hace algo más pesado, pero mientras das cada paso el santuario se va haciendo chiquitito, chiquitito, y el río parece un fino hilo reflejo de un sol que cae…

Al deshacer los pasos y dejar a tu espalda Montgarri, de nuevo, las laderas y los bosques visten el camino hasta empezar a escucharse los cencerros que dejamos al principio de nuestra excursión, avisándonos que ya estamos llegando a Pla de Beret.

Santuario de Montgarri

Las nubes han subido, y la niebla se muestra mucho más cercana. Al atardecer, y al mirar a nuestro alrededor, aquello parece el Cielo, a pesar de que las leyendas digan que en Pla de Beret se celebraron múltiples akelarres. Todo lo que le rodea nada tiene que ver con un escenario macabro… es un paisaje idílico donde apetece llenarse los pulmones del aire fresco de la montaña.

Santuario de Montgarri

Al fondo queda escondido el Santuario de Montgarri, pero te llevas la experiencia de una tarde maravillosa de paseo, fotografía, charla, deleite, placer y, porque no decirlo, cansancio, pero del que gusta, de ese que cuando llegas a cenar, tras una ducha, se te llena la boca y se te dibuja una sonrisa en la cara más sonrosada de lo habitual, y dices… “Oye, pues estoy cansada ¿Eh?” - y quieres más… - “¿Dónde vamos mañana?”


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Santuario de Montgarri



11 de septiembre de 2011

Banyalbufar

Entre dos
A 25 km de la capital de la isla de Mallorca, unas ondas se dibujan en el terreno que forma el litoral. Fuertes contrastes de color ofrecen una imagen pintoresca que, sin duda alguna, es el fuerte atractivo del lugar que hoy os queremos enseñar: Banyalbufar.

Al suroeste de la Sierra de la Tramontana (Serra de la Tramuntana), y a unos 16 km de Valldemossa, lugar encantador, se sitúa esta localidad. Etimológicamente hablando significa “construido al lado del mar”. Acepción que refleja de forma precisa el perfil de este lugar.

Banyalbufar

La topografía de su terreno ofrece unas vistas impresionantes. Una zona abrupta, que linda con acantilados y cuyas protagonistas son las terrazas que limitan con el mar e invaden un tercio de la población. Terrazas repobladas por lo que durante años fue el producto estrella en el lugar, la malvasía, que daba origen al vino típico de la zona (blanco y seco) y que en el s.XIX desapareció tras una plaga quedando abandonada su cosecha. Tras estos sucesos comenzó el cultivo, para aprovechar el terreno, de tomates y patatas.

Banyalbufar

Ahora, bastantes años después, esas terrazas dispuestas en desniveles, y que parecen formar escaleras que llevan al mar para salvar los obstáculos de un terreno tan heterogéneo, están siendo repobladas gracias a la iniciativa puesta en marcha al encontrarse, en un jardín privado, una vieja cepa de la antigua “malvasía” que, tras someterse a estudio y procesos varios, se ha podido reproducir y poner en marcha de nuevo su cultivo.

Banyalbufar

La carretera divide al pueblo y desde ella, como pequeños nervios estrechos, nacen callejuelas cuya pendiente dirige a las viviendas. Escaleras que desafían a la gravedad van salvando las puertas de las casas desde las que se intuye unas vistas maravillosas.

Banyalbufar

El municipio, de unos 18 km cuadrados, no supera los 500 habitantes de forma permanente. En verano se produce un aumento significativo de la población, a pesar de ello, se trata de una localidad tranquila en la que poder deleitarse de un descanso de ensueño.

Banyalbufar

El acceso al mar es otro de sus atractivos, dispone de 5 playas. Nos sorprende especialmente la Cala de Banyalbufar, a la que se puede llegar descendiendo desde la Calle Mayor, por una gran pendiente durante un kilómetro, aproximadamente. Se puede acceder en coche (lo cual recomendamos, tras nuestro fatigado paseo de vuelta) y dispone de aparcamiento gratuito. 

Banyalbufar

La Cala es tremendamente pintoresca, el acceso únicamente se puede hacer a pie a través de unas escaleras y, desde arriba, el agua se divisa como una mezcla de verdes y azules intensos que permiten ver un fondo de piedras. Mide unos 100 metros de largo y 15 de ancho. Limitada por una  pared de acantilado con una caída de agua en forma de cascada que no dejó de sorprendernos. Está reforzada y protegida con red por los habituales desprendimientos. Su entorno le confiere un carácter especial, y este mismo es el que hace que no esté masificada, ya que su acceso y características no son atractivas para todo tipo de público.

Banyalbufar
En el entorno de Banyalbufar quedan algunos restos de las atalayas que hicieron su misión defensiva en la época en la que los corsarios acechaban las tierras para saquearlas, y que formaban parte de un sistema de vigilancia que protegía el litoral de la isla. Una de las más conocidas en la Historia mallorquina se encuentra en este municipio, la Torre des Verges (conocida popularmente como la Torreta o Torre de Ses Animes, por leyendas que la envuelven en cuanto a desapariciones en sus inmediaciones). 

El sector turístico ha sido otro de los impulsos para esta localidad. En nuestra ruta, aquel día, tras la visita de Valldemossa, acudimos a Banyalbuyar, y aparte de disfrutar de este bonito pueblo, y sus espectaculares características singulares, también paramos a comer. Sin haber planificado con anterioridad este momento, elegimos el lugar al azar. El Restaurant Es Trast, de pocas mesas, pero con bastante encanto en cuando a decoración. No fue una mala elección gastronómicamente hablando, lástima que quedó algo empañada la visita por el tiempo de espera en general, tanto para la llegada de las entradas como entre platos.

La Sierra de la Tramontana, en las Islas Baleares (Illes Balears), ofrece en su conjunto un entorno mágico. Banyalbufar es una de esas paradas que colorea con azules infinitos un paseo para recordar.


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Banyalbufar

9 de septiembre de 2011

Jardines de Sabatini

Entre dos
¡Nos gusta Madrid!

No sé si alguna vez habíamos empezado alguna entrada que hablara de la ciudad que nos ha visto nacer y nos acoge con una frase tan sincera y fiel a la realidad como la que abre esta pequeña parada en la ciudad.

Jardines de Sabatini

Quizá estos jardines no sean los más importantes de la zona, ni los más impresionantes, pero sí que ofrecen unas imagenes "reales" que son muy bellas. A lo que contribuye la ubicación de excepción en la que se encuentran.

Jardines de Sabatini

Los Jardines de Sabatini lindan con el Palacio Real de Madrid por su fachada Norte. Su nombre lleva a hacerse falsas suposiciones acerca de quién podría ser el diseñador de los mismos. Sabatini, quién ha dejado sus huellas por tantos lugares de Madrid de los que esperamos ir hablando poco a poco (Puerta de Alcalá, San Francisco el Grande, entre otros...) también formó parte de la Historia del Palacio. En la parte que nos ocupa hoy, el lugar en el que se ubican estos jardines antes albergaba las caballerizas reales, que sí fueron diseñadas por este afamado arquitecto, y que han dado nombre a los jardines. Sin embargo el arquitecto encargado del diseño de estos jardines fue Fernando García Mercadal, ya en el s.XX.

Jardines de Sabatini
Aproximadamente son algo más dos hectáreas lo que ocupa este jardín de aire afrancesado que juega con la simetría típica del neoclasicismo. Su nacimiento surge en los años 30, con la llegada de la Segunda República, cuando Patrimonio Real pasó a manos públicas. La Guerra Civil ralentizo el avance del mismo y su inauguración se llevé a cabo en los años 50.


El estanque central (que el día que fueron tomadas las imágenes no se encontraba en funcionamiento) está rodeado por unas esculturas y pasillos de setos perfectamente recortados cuyo escenario trasero es la imponente fachada del Palacio Real. Al sentarte en uno de sus bancos, la imaginación que discurre rápida, no le cuesta imaginar a una princesa o reina paseando entre ellos. Pero como las fechas y la Historia mandan, ninguna figura real pasó su tiempo muerto entre la flora de los jardines.


Para esos menesteres estaba el Campo del Moro, Jardines del Palacio Real que son 10 veces más grandes que los de Sabatini  y que han sido declarados de interés histórico-artístico.

Las esculturas que se salpican por los jardines de Sabatini fueron ideadas para decorar la fachada del palacio, pero debido a su peso se declinó esta idea y han acabado decorando los alrededores del Palacio Real.

Jardines de Sabatini




Se trata de unos jardines de acceso libre, con un horario de apertura y cierre y que forman parte desde hace unos años de una iniciativa cultural del Ayuntamiento de Madrid que se desarrolla en los meses de verano bajo el nombre de "Veranos de la Villa" y donde los jardines se convierten en un escenario romántico en el que poder disfrutar al aire libre, en un entorno mágico, de conciertos de diferentes géneros musicales.

Jardines de Sabatini
Jardines de Sabatini
Jardines de Sabatini






















Desde la puerta que hay en la C/ Bailen a estos jardines, los días en que el cielo está despejado se divisa un horizonte infinito, y al descender por las escaleras entras en un pequeño rincón donde el ruido parece desaparecer, entonces te encuentras a gente sentada, leyendo el periódico, charlando, la vida pasando con normalidad al lado de un edificio que a nosotros nos impresiona...

Jardines de Sabatini

Madrid es una gran ciudad con grandes edificios, grandes carreteras, con grandes monumentos, con grandes ofertas culturales, y con pequeños rincones más o menos conocidos que la hacen muy "grande".


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Jardines de Sabatini


29 de agosto de 2011

Liérganes

Entre dos
No podemos negarlo, tenemos cierta debilidad por Cantabria.  La “Tierruca” está llena de recursos que satisfacen nuestros deseos; montaña, mar, gastronomía, clima.  Siempre existe una opción para disfrutar de los días nublados, lluviosos y soleados (que los hay, y más de los que dicen)…

Liérganes

Liérganes, uno de los últimos descubrimientos en una Cantabria para nosotros buena amiga, nos ha dejado un dulce sabor de boca que hoy queremos compartir.

El río Miera pasa por el municipio, rodeado de los Valles Pasiegos, las laderas y el verde intenso que colorea el lugar es uno de sus encantos característicos.

Liérganes

Esta localidad, que no llega a los 3.000 habitantes, alberga en su Historia hechos significativos que han marcado sus pasos en el tiempo. Uno de ellos imprimió una prosperidad económica reseñable a partir del s. XVII, siendo cuna de la la primera Fábrica de Artillería, municiones y piezas de hierro colado conocida en España y que trajo grandes beneficios  al lugar.

En el s. XIX la construcción del Balneario, aprovechando la calidad de la aguas del manantial La Fuensanta, fue otro reclamo para la atracción del turismo de clase alta, que eran los que podían permitirse disfrutar de estos “grandes lujos”. Esto promovió la construcción de infraestucturas para dar servicio a los nuevos visitantes.

Liérganes
Liérganes












Liérganes se divide en barrios. El paseo por sus calles refleja una arquitectura de piedra con numerosas casas señoriales que se entremezclan con otras de arquitectura popular, de manera que se puede pasear entre escudos tallados en la piedra y balconadas de madera decoradas con flores de colores vivos.

Liérganes
Liérganes











El Barrio del Mercadillo quizá sea el máximo exponente de ese tipo de vivienda noble. La casa de los cañones o la casa Rañada Portilla visten con esplendor el paseo por sus calles…

Hombre Pez Liérganes
Pero no hay que olvidar la leyenda que susurra el río a su paso por Liérganes,  y que sobrevive al paso del tiempo, se trata de la “Leyenda del Hombre pez”. Dicen que, allá por el s. XVII , este hombre de 18 años, oriundo de la localidad y experto nadador, fue mandado a Bilbao por su madre viuda, para aprender el oficio de carpintería . Habitualmente se bañaba en la ría y un día, tras zambullirse en el agua, no se volvió a saber de él…

Cinco años después, en la bahía de Cádiz, aparecía un extraño ser  observado por pescadores que despertó la curiosidad de los mismos por su raro aspecto. Tras unos cuantos intentos por atraparle lo consiguieron y descubrieron un ser de apariencia humana con una cinta de escamas en el torso y otra que cubría la columna vertebral. Sus dedos se encontraban unidos por membranas, su piel era pálida y el pelo rojizo. No hablaba, no mostraba emociones, tan solo pronunciaba la palabra “Liérganes”.

Llegó a todos los rincones tan sorprendente suceso, hasta que lo escuchó un joven montañés, quien reconoció el municipio por tener familiares en él. La Inquisición confirmó la existencia de la localidad, y llenos de curiosidad acercaron al “espécimen” hasta el lugar, donde fue reconocido por su madre y hermanos.

Exorcismos y miles de intentos por devolverle a su estado natural fueron empleados sobre él,  pero se limitaba a comer y no mostrar ninguna reacción emocional.

Hombre Pez Liérganes

Nueve años después de su llegada al lugar natal desapareció de nuevo en el mar sin que se volviera a saber de él…

Hoy en día  hay varios homenajes a esta leyenda, destaca la escultura que descansa bajo el Puente Mayor de Liérganes, un puente de apariencia romana pero construido en el S.XVI, y que ofrece una imagen de excepción por la belleza que emana el paisaje. Las vistas hacia un lado del mismo muestran el  molino y Los Picos Busampiro (Tetas de Liérganes).

Liérganes

Es fácil entender por qué esta villa fue condecorada en los años setenta como Conjunto Histórico Artístico. El paseo por la localidad se convierte en un concierto de bonitas imágenes.  Liérganes suele formar parte de una ruta por los valles pasiegos, pudiendo ser punto de partida o destino final de los mismos. Sea como sea, es una de las visitas imprescindibles de Cantabria, para dar un paseo y dejarse deleitar por la tranquilidad y bonitas vistas que desde muchos de sus rincones se pueden disfrutar.


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Liérganes


27 de agosto de 2011

Tossa de Mar

Entre dos

Tossa de Mar

Queda lejos cuando en los años 30 se construía el primer hotel en esta localidad de la que os vamos a hablar, y que se pobló del encanto de los artistas que llegaban, desde el otro lado del charco huyendo de conflictos políticos de sus paises, en busca de la inspiración. En aquellos momentos Tossa de Mar se encontraba lejos del turismo masificado. Los pescadores, filosofos, escritores y fotógrafos extranjeros poblaban la localidad.

El "paraíso azul", la "Babel de las Artes"... titulares que nacieron antes de que la Guerra Civil estallará con sus horrores...

Tossa de Mar ofrece panóramicas dignas de las más bellas postales. Ubicada en la región de La Selva, en Gerona (Girona), en el Baix Ampordá, el acceso a la misma por 16 km de una carretera serpenteante entre la vegetación te va adentrando en un municipio, hoy reclamo para el turismo nacional e internacional, en el que quedan mezcladas pinceladas de la Historia y de la adaptación de estas villas a la explotación del turismo.

Tossa de Mar

En Tossa se encuentra la Vila Vella, un recinto amurallado de corte medieval, único en toda la costa brava, rodeado de siete torres sobre una colina rocosa que ofrece una imagen pintoresca. Esta fortaleza fue la principal arma de defensa contra la piratería. La altura sobre el nivel del mar le otorgaba una posición privilegiada.

Tossa de MarTossa de Mar


Tossa de Mar

El interior de la villa parece que forma parte de un cuadro delicado. Calles empedradas decoradas por plantas, macetas y vegetación que cubre algunas fachadas. Rincones que ofrecen vistas de ensueño. Y en lo alto de la Vila Vella el faro, donde siglos atrás estuvo el castillo, que con su luz intermitente pelea las noches de plenilunio con la luna para ofrecer la mejor panorámica de un mar abierto al infinito.

El azul intenso de la Bahía de Tossa es atractivo a los sentidos. Desde la misma Vila Vella se observa el litoral, con las dos playas principales, la más grande (Platja Gran) de una arena gruesa que más bien la formarían pequeñas piedras, y la Mar Menuda, una playa más pequeña pero que rebosa encanto en el enclave en el que se ubica, rodeada de rocas y con unas vistas inigualables.

Tossa de Mar

El agua cristalina hace que el mar se convierta en una fiesta de aletas y snorkels que no entienden de edades ni sabiduría del mar. Se mezclan cursos de buceo con submarinistas profesionales y el público general que atraído al divisar a los peces nadar entre sus piernas, en ese espejo salado, no se resiste a tener una visión más certera de ellos.

Tossa de Mar

Un mar hecho para nadar, que no se muestra oscuro ni traicionero, aunque uno nunca se puede fiar de él, sino que te invita a descubrir ese fondo que parece cercano y que a pocos metros de la orilla es casi infinito.

Los barcos fondean próximos a la orilla pero una vez dentro del agua las distancias parecen mayores y no resultan invasivas. Ya no son, como antaño, embarcaciones de pesca, sino más bien de recreo.

En torno a la Vila Vella y detrás del castillo, se encuentra la Playa Codolar, una playa pequeña, más similar a una cala, que por la noche se transforma en un remanso de paz donde sentarse a escuchar como susurra el mar.

Fuera del recinto amurallado, el municipio ha seguido el paso del tiempo, hoteles y apartamentos se salpican intentando en la medida de lo posible respetar la naturaleza y origenes del municipio.

Tossa de Mar Tossa de Mar












En verano, a pesar de estar en una región muy valorada como destino vacacional, el ambiente es animado pero tranquilo, sin estridencias. Multitud de tiendas y locales de restauración se reparten por el municipio, principalmente en la zona del paseo marítimo, alrededor de la muralla o en el interior de la Vila Vella. La mayoría de éstos están presentados con bastante gusto, embelleciendo el lugar. Se reparten entre restaurantes y heladerias y no hay noche que no haya multitud de personas paseando por las calles.

En otras ocasiones os hemos hablado de Cadaqués, Besalú, municipios de la Costa Brava que nos han tocado el corazón. Tossa auna su Historia, sus aguas, la naturaleza, sus callejuelas. Resulta un pueblo pintoresco en apenas unos kilomentros cuadrados. Uno de los municipios más afamados del Baix Ampordá en el que perderse y dejarse envolver de todos los secretos, colores y placeres que te puede brindar.


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Tossa de Mar

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